domingo, 29 de mayo de 2011

Photographing Beatles - Capítulo 10 -

Después de estar todo el día haciendo fotos y tocando, llegó la hora de ir a trabajar. Teníamos que estar media hora antes para que nos diesen los uniformes y nos indicasen el funcionamiento del local.

-Sara, ¡CORRE!-Exclamó Andrea por miedo de llegar tarde.
-¡Voy, voy!
Llegamos justas, aún viviendo muy cerca. El encargado, nos esperaba en la entrada:
-Hola, tú debes ser Sara, a Andrea ya la conocí cuando vino a por el trabajo.
-Sí, encantada, sentimos llegar un poco justas.-Le dije dándole la mano.
-Bueno, pues entremos.
Después de enseñarnos todo el local (aunque una parte ya la conocíamos), nos dio los uniformes, nos indicó como debíamos recogernos el cabello y nos fuimos a los vestuarios.
Cuando salimos, nos sentíamos un poco ridículas, pero al ver a más chicas de la misma forma y al ver a un chico, también con uniforme, nos sentimos un poco  más cómodas. Aquella noche fue algo caótica.
-¡Perdona, perdona!-Exclamó el chico de la barra.
Andrea y yo nos giramos a la vez.
-¡Tú! La chica morena, acércate a la barra.- Dijo miestras secaba un vaso con un trapo.
Miré a Andrea, le cogí la mano y la arrastré conmigo.
-Vale, lleva este refresco a esa mesa. Y tú, rubita, lleva este plato a esa otra.
Andrea y yo cogimos lo que nos había mandado y nos separamos, mirándonos como si un abismo nos separase para siempre, estábamos nerviosas, y por eso, el primer día nos perdonaron varias equivocaciones con los pedidos.
Acabamos agotadas, me dolían los pies y solo de pensar que eso tendría que repetirlo casi todos los días… en fin… prefería no pensarlo. Tan cansadas estábamos que nos levantamos a las once (sí, muy tarde comparada a la hora que solíamos levantarnos).
Pasaron unos días y eso de ir a trabajar ya lo llevábamos mejor, un día, decidimos tomarnos la mañana para relajarnos.
-¿Por qué no salimos al jardín? Hoy hace un día bastante bueno-Le propuse a Andrea.
-Sí, sí, que para un día que sale bueno… ¡Saquemos las guitarras!
Salimos al jardín, realmente hacía un Sol espléndido y ni una nube,  y qué mejor que sentarnos y tocar. Tocamos nuestras típicas canciones, cantamos algo y practicamos junto con la armónica. A lo lejos vimos cuatro chicos que se acercaban, tres llevaban una funda de guitarra a la espalda y el último no llevaba nada.
-Fíjate Andrea. ¿No son los chicos de The Cavern?-Le susurré al oído.
-Pues sí, la verdad es que sí, pero hay uno nuevo ¿no?
-No lo sé, no consigo verlo…
Conforme se acercaban me di cuenta que, efectivamente eran aquellos chicos que vimos la primera vez en The Cavern, pero esta vez tenían algo diferente, un nuevo peinado, con algo de flequillo, que les quedaba realmente bien. Pasaron por delante de casa y siguieron andando todos menos uno, que al pasar unos metros nuestra casa, se volvió. Sí, era el chico de pelo oscuro y ojos verdes, se quedó mirándonos mientras tocábamos, ni Andrea ni yo queríamos volver la mirada hacía él, simplemente le mirábamos de reojo, pues seguro que ya estábamos ruborizadas. Al parecer, su compañero, el de ojos más pequeños, se percató de que se había quedado atrás.
-¡Hey! ¡McCa, venga vamos!-Le gritó dándole una cariñosa colleja.
McCa… ¿McCa? ¿Qué tipo de nombre era ese?, no me atreví a decirle nada a Andrea, por si ese nombre era común aquí, y yo no quería quedar en ridículo. Pero, pareció que a ella tampoco le sonaba mucho, ya que, su cara era todo un poema.
-¿McCa?...-Susurró sin quitarles la mirada a los dos chicos,que se alejaban.
-Eso mismo te iba a decir yo. No es un nombre común, ¿no?.
-Parece más un apellido que un nombre, pero McCa es muy raro...
Sin mediar una palabra más continuamos nuestro día de "fiesta" en nuestro jardín.

sábado, 19 de marzo de 2011

Photographing Beatles - Capítulo 9 -

Inmediatamente volvimos a concentrarnos en nuestros refrescos de cola. Estábamos avergonzadas y a penas volvimos a mirar hacia allí, en todo caso de reojo.
Al poco rato, aquellos cuatro chicos, empezaron a recoger y cuando pasaron por nuestro lado, el chico de pelo oscuro y ojos verdes se “despidió” con una sonrisa pícara, como no Andrea y yo volvimos a ponernos como dos tomates, en seguida pagamos y nos fuimos hacía el hostal.
No tardamos mucho en cenar y acostarnos, al día siguiente tendríamos que levantarnos pronto para comenzar a instalarnos en nuestra nueva casa.
Y así lo hicimos, al levantarnos y después de desayunar, recogimos nuestro equipaje, bajamos y le dimos el dinero a la gerente. Andrea descolgó el teléfono y llamó a un taxi, este acudió en seguida. Tardamos veinte minutos en llegar a nuestro nuevo hogar.
Tenía un pequeño jardín en la parte de adelante y por dentro, no era muy grande, pero nos servía. Abajo había un pequeño salón comunicado por una barra americana, como las de los bares, a la cocina. En la parte superior, una habitación, con dos camas, un baño y un pequeño estudio, que nos serviría, más tarde, de sala de música. Algunas habitaciones estaban amuebladas.
No tardamos mucho en descargar todo el equipaje, aquí, al menos, teníamos unos armarios decentes. Luego compramos algo de comida y nos sentamos un rato en el salón.
-Tendremos que pensar en algo para conseguir dinero, no nos va a durar siempre.-Dijo Andrea.
-Ya… Ya lo sé, además, tengo que conseguir una cámara nueva.
-He pensado que podemos buscar un trabajillo.-Me dijo Andrea, intentando aportar una solución.
-Sí, podríamos trabajar a tiempo parcial.-Dije pensativa.
Al día siguiente decidí  poner en marcha “el plan” de Andrea. Ésta se fue a buscar algo por los bares o clubes de la zona, mientras yo, colgaba en los postes, carteles que decían “Compro cámara, si está interesado/a, acuda a esta dirección: Stanley Street nº5. URGENTE”. Estaba, colgando el último cartel, cuando Andrea vino corriendo y gritando:
-¡SARA! ¡HE ENCONTRADO TRABAJO!
-¡Guau! Eso es genial…-Antes de que pudiera acabar me interrumpió muy entusiasmada;
-¿A qué no sabes dónde?
-N..no, dime.
-¡En THE CAVERN! Trabajaremos de camareras, en horario de tarde noche.-Dijo abrazándome.
Era tal la emoción que teníamos que empezamos a saltar en la calle, la gente que pasaba nos miraba extrañada.
Por la tarde, nos quedamos en el jardín de casa, para ver si alguien quería venderme una cámara. Al cabo de un rato, apareció un chico joven, de estatura baja, que se dirigía hacia nosotras. Yo no le di importancia, pero Andrea, me susurró:
-Sara, creo que ese chico viene por lo de la cámara.-
Acto seguido me levanté de la silla, él ya había entrado a nuestro jardín, le tendí la mano:
-Hola vengo por el anuncio de la cámara.- Me dijo muy amablemente, mientras me daba la mano.
-¡Hola! Soy Sara, gracias por venir, pensaba que no vendría nadie.- Le contesté con una sonrisa.
-¡AH! Perdona por no presentarme , soy Richard, Richard Starkey. Te he traído esta cámara, que tenía por casa y no usaba, espero que te sirva.-Y me dejó la cámara entre las manos.
Mientras yo cotilleaba la cámara y la probaba, un par de veces, aquel chico tan agradable, se dirigió a Andrea:
-Hola a ti también.-Y le tendió la mano.
-Hola, yo soy Andrea, su compañera de piso y amiga.
Sin darme cuenta de que estaban hablando exclamé:
-¡ES PERFECTA!,¡JUSTO LO QUE ESTABA BUSCANDO!
-Jaja, me alegro, pues entonces, ¿fijamos el precio?
-Por supuesto.- Le dije con una sonrisa de oreja a oreja.
-Por ser tú, te la dejaré a buen precio, unas 200 libras.
- Claro, voy a buscar el dinero.- Y me marché, veloz, al interior de la casa. Mientras Andrea y ese chico se quedaban fuera, “cuidándome” mi futura cámara.
-Tu amiga no es de aquí, ¿Verdad?- Le dijo a Andrea en un intento de romper ese silencio incómodo.
-No, no somos de aquí, venimos de España, llevamos unos días y estamos intentando integrarnos lo más rápido posible…
-¡YA ESTOY AQUÍ! Espero no haber tardado mucho...
-No, que va.- Me dijo Richard riendo.
-Aquí tienes, tus 200 libras, muchas gracias por haber venido.
-Gracias a ti.- Me dijo mientras se guardaba el dinero.
-Adiós y gracias, otra vez.- Se despidió Andrea.
Cuando estaba con mi cámara entre las manos, Andrea sin apartar la mirada del chico, mientras éste se alejaba, me dijo:
-¡Sara!, ¿Has visto que ojos azules tan preciosos?
-¿Qué? Ni me había fijado…
-Claro estabas tan interesada en tu cámara.- Me dijo con una mirada fulminante.-Por cierto, mañana empezamos a trabajar, ¡ah! y tenemos que llevar uniforme y el pelo recogido.
-Oh vaya…genial, uniforme…-Le dije sin mucho entusiasmo.
-Ya lo sé, pero necesitamos ese dinero, será un sacrificio que haremos, pero valdrá la pena.
Después de aquello, entramos a nuestra nueva casa, y nos dispusimos a prepararnos la cena.

martes, 15 de marzo de 2011

Photographing Beatles - Capítulo 8 -

Nos despertamos temprano, queríamos encontrar una casa cuanto antes e ir a la universidad y a ser posible tener un tiempo de descanso.
Lo primero que hicimos fue bajar a desayunar, desayunamos en menos que canta un gallo y fuimos a coger el autobús. Tardamos media hora en llegar (sin contar los simpáticos semáforos que siempre pillábamos en rojo). No nos hizo falta preguntar, estaba indicado además de que el edificio no pasaba desapercibido. Era grande pero no muy alto, entramos y preguntamos sobre las plazas. Nos hicieron esperar hasta que el supuesto profesor saliese para hablar con nosotras, llevábamos las cámaras con nosotras y la espera se hizo eterna y pesada, hasta que, apareció un hombre.
-Hola, venga pasad.- Nos dijo mientras nos indicaba con la mano que entrásemos a su despacho.
Pasamos era pequeño, con dos estanterías y una mesa llena de papeles y con dos cámaras.
-Perdonad el desastre…
Nos sentamos y comenzó a informarnos.
-Bien… Empecemos. Vosotras queréis estudiar fotografía aquí ¿Es eso no?
Andrea, me miró y discretamente asintió con la cabeza para que yo contestase:
-Sí-Dije haciéndole caso.
-Pues habéis tenido suerte, tenemos plazas, así que no tenéis que preocuparos por nada, luego os daré los horarios para que vayáis planificándoos, también algún que otro libro y por supuesto debéis tener una cámara. Enseñádmelas.
Sacamos las cámaras, primero vio la de Andrea.
-Mmm, sí, no está nada mal para empezar, te servirá- Y cuando se dirigió a ver la mía…- Los siento pero… la tuya es demasiado antigua, con esta ya no se pueden aplicar algunas técnicas por lo que tendrás que comprarte otra.
¿Qué? La cámara a la que tanto cariño le tenía no me servía, genial, empezábamos bien. Además tendría que comprarme una nueva y Andrea y yo no estábamos para gastar mucho dinero. Me ofreció un catálogo y me aconsejó que le echara un vistazo.
-Aún faltan dos semanas más o menos para que empiece el curso, si no recuerdo mal, de todas formas está en los horarios, así que tendréis tiempo de leer los libros y, en tu caso de conseguir una cámara nueva.
-Vale-Contestó Andrea.
Nos despedimos y yo salí ojeando aquel catalogo que, solo con haber visto dos páginas cerré de inmediato, los precios eran inalcanzables así que me olvidé de ello.
-Bueno no te preocupes, seguro que se nos ocurre algo.-Añadió Andrea.
Esperando el autobús, nos dimos cuenta que en la pared, había un papel que anunciaba “Vendo casa en Stanley Street. Un baño, una cocina, un pequeño salón y dos habitaciones, además de un pequeño jardín. Precio: 680 libras” Me dio la impresión de que era la casa perfecta, como dijo el taxista allí había otra parada que se dirigía a la universidad, no lo pensamos dos veces y cogimos el papel, en cuanto llegamos al hostal llamamos por teléfono al propietario y le comunicamos que nos interesaba, nos dijo que perfecto, que cuando quisiésemos que fuésemos a verla.
Después de comer, subimos a la habitación, donde nos dedicamos un rato a descansar y a revisar los libros. Luego nos dirigimos a la casa.
Llegamos a un acuerdo y nos dijo que mañana mismo podríamos instalarnos y nos dio las llaves. Una cosa menos, ahora solo quedaba instalarnos y poco más.
Esa tarde decidimos ir a “The Cavern” porque habíamos oído hablar mucho y muy bien de ese lugar. Nos arreglamos lo mejor que pudimos e incluso nos pusimos un poco de maquillaje para no desentonar demasiado, acto seguido emprendimos el camino hacía el club. Llegamos, para acceder a aquel lugar había que bajar algunas escaleras, había algunas mesas y un pequeño escenario, donde a veces algunos grupillos tocaban. Nos sentamos y pedimos algo de beber, esta vez solo había una pareja muy entretenida echándose miraditas y cuatro chicos jovencillos. Uno tenía los ojos pequeños, marrones y no paraba de reírse; otro de ellos tenía también los ojos marrones y parecía el más joven, estaba más concentrado en la guitarra que en su compañero; otro tenía el tupé más grande que el resto y como estaba sentado y no se le veía mucho dedujimos que sus ojos era oscuros; el último tenía los ojos grandes y verdes y era el que más llamaba la atención a primera vista. Los cuatro iban vestidos con cuero y Andrea y yo nos quedamos embobadas mirando al de los ojos verdes hasta que este, se percató de que estábamos mirándole y nos devolvió la mirada sonriendo, acto seguido la apartamos repentinamente y se nos salieron un poco los colores.

Photographing Beatles - Capítulo 7 -

Bajamos del avión y lo primero que hicimos fue dirigirnos a recoger nuestras maletas, o mejor dicho nuestros maletones y, también, bolsas que habían añadido nuestros padres. Tardaron un poco en salir y una vez que descubrimos como cargar con toda aquella barbaridad de artilugios, salimos fuera del aeropuerto y ,como aquello de que ya teníamos pensado un hostal donde alojarnos los primeros días era una simple excusa para no empeorar las cosas, decidimos esperar a que pasara un taxi.
-Buenos días ¿A dónde les llevo?- Nos preguntó el taxista, a lo que, a duras penas, entendí, y a lo que Andrea , contestó:
-Antes… ¿Podría abrir el maletero?... Vamos un poco cargadas.-Andrea, sabía, es más, entendía perfectamente, dentro de lo que cabe, el inglés, ya que, sus abuelos, de parte de madre emigraron hacia Inglaterra por causas políticas de las que ella, nunca comentaba, ni si quera, a mí, con lo cual, ella siempre había hablado con sus abuelos en inglés.
-¡Madre mía! Sí, sí claro. Vaya cuantas maletas lleváis.-Se sorprendió el taxista.- No sois de aquí ¿Verdad?- Nos preguntó, mirándome fijamente.
-¿Qué ha dicho?-Le dije a Andrea mientras colocábamos las maletas.
-Nos ha preguntado si somos de aquí, contéstale tú, a ver cómo te desenvuelves- Me contestó mientras me guiñaba el ojo con complicidad.
-Hmm No…-Le dije, mientras cerraba el capó con fuerza.
-Acabamos de llegar desde España, y lo hemos hecho por qué queríamos estudiar aquí- Me cortó, Andrea, y menos mal, porque se me acababa el repertorio de muecas absurdas.
-Anda, pues eso está muy bien-Dijo el taxista mientras entrabamos.-Ahora sí, ¿A dónde les llevo?
Andrea y yo nos quedamos mirándonos, no teníamos ni idea a donde podíamos ir.
-Buscamos un hostal o algo por el estilo, barato, para poder estar unos días hasta que encontremos una casa.-Concretó Andrea.
-Mmm… Vale, ya sé a dónde os llevaré, es barato, no es nada del otro mundo pero os servirá.
Mientras tanto, en el coche, nos dedicábamos a observar aquella nueva ciudad, no se parecía para nada a todo lo que habíamos visto en España, era más moderna .Los edificios eran enormes y preciosos y las calles algo estrechas, también habían casas pegadas unas a otras con un pequeño jardín, eso sí, no eran todas iguales, cada una tenía un color y estructura, algunas pequeñas, otras grandes…
-Bien, ya hemos llegado-
-Gracias-Respondimos Andrea y yo.
El taxista salió con nosotras a ayudarnos a descargar y entonces se me ocurrió que Andrea y yo solo habíamos oído hablar de la “University of Liverpool”, pero no sabíamos nada más.
-Una cosa más, ¿Usted sabe donde se encuentra la “University of Liverpool” ?- Preguntó Andrea.
-Ah! Sí claro. A ver, a ver… lo mejor sería que cogieseis el autobús que justo para en la acera de en frente o el que está en Stanley Street, la parte que se cruza con Mathew Street.
-Gracias otra vez-Dijo Andrea sonriendo.
-¿Sabéis una cosa? No os voy a cobrar el taxi…
-¿El qué?- Pregunté mirando a Andrea, pensando que ocurría algo malo.
-Dice que no nos quiere cobrare taxi…-Me contestó sin apartarla mirada de él.
Se me dibujó una sonrisa de oreja a oreja, me dirigí a el taxista, que después descubría que se llamaba Frank, le agarré fuertemente la mano y le agradecí mil y una vez que no nos lo cobrara, por su cara, deduje que no tenía ni pajolera idea de lo que le estaba diciendo, pero en ese momento, me daba exactamente igual lo que pensara la gente de mí, estaba entusiasmada y feliz.
Volvimos a cargar con todas las maletas y nos dirigimos al hostal, como había dicho el taxista no era gran cosa, parecía tener ya unos añitos y estaba algo descuidado .
Al entrar en la recepción, había un mostrador donde una mujer atendía unas llamadas, y un pequeño y desgastado sofá.
-Hola, ¿En qué puedo ayudaros?- Nos atendió con una mirada simpática.
-Queríamos una habitación para dos.-Dijo Andrea.
-¿Cuántos días estaréis?- Nos preguntó mientras anotaba algo en una hoja de papel.
-No lo sabemos…-Volvió a responder.
-Vale, pues son 20 libras al día, vuestra habitación es la 15.-Dijo mientras nos daba las llaves.
Subimos, como pudimos, por las escaleras hasta llegar a la habitación, por un estrecho pasillo. Andrea tenía las llaves y con algunas dificultades consiguió abrir, pues iba cargada de trastos y para colmo la cerradura no se cayó de milagro.
Era una habitación pequeña, con dos camas, dos mesitas de noche y un baño que apenas tenía una ducha, un lavabo y un váter. También había un armario en el que guardamos, a presión, algo de ropa. Entre tanto se hicieron las ocho de la mañana y era domingo, como no era plan de ir a la universidad, y estaría, lo más seguro, cerrada pensamos en buscar alguna casa. Antes llamamos a nuestros padres.
Bajamos a la recepción a por un periódico de los que había y comenzamos a mirar algunas de las pocas ofertas que aparecían, además aproveché para familiarizarme con el idioma.
-Mmm, mira este, dice que el alquiler cuesta unas 800 al mes, aunque es algo caro.-Dijo Andrea desilusionándose.
-Y tan caro, con esa casa no duramos ni dos meses.
Después de estar un rato mirando el periódico, sin éxito, las casas que se ofrecían eran demasiado caras para el dinero que disponíamos, fuimos a dar un pequeño paseo cámara en mano.
Fuimos andando y andando por diferentes calles, observando una vez más, todo lo distinto que era aquello, bueno, todo, todo no, las mujeres seguían llevando el pelo perfecto y cardado y los chicos un tupé. Pasamos por delante de un club llamado The Cavern, al parecer famoso, pero no le dimos ninguna importancia y continuamos con el paseo.
-¿Te has dado cuenta de lo diferente que es todo?-Pregunté a Andrea.
-Sí, la verdad es que sí. No me lo imaginaba así.-Contestó mientras hacía una foto.
-Vaya, fíjate, es hora de comer.
-Cierto… Como es el primer día ¿Por qué no vamos a comer por ahí?
-¡Vale! Un día es un día.
Exacto, nos fuimos a comer a algún restaurante de poca monta, pero, nos encontrábamos ante otra misión imposible: encontrar uno. Estuvimos dando vueltas por la ciudad hasta que lo encontramos, entramos y nos sentamos. No era ideal pero se podía estar. Al entregarnos la carta Andrea y yo nos quedamos un poco paradas, no sabíamos que era cada cosa así que nos aventuramos a pedir lo que mejor sonaba. A Andrea le sirvieron una ensalada César con pollo, que posteriormente se dejó y a mí una sopa. Para postre pedimos algo sencillo, que no podía fallar, helado, y nos quedamos un rato charlando. Luego pagamos y nos fuimos a hacer fotos. Estuvimos toda la tarde paseando por allí y al volver, pasamos otra vez por aquel club “The Caver”, que se iba llenando de gente.
Una vez en el hostal decidimos cenar allí mismo, estábamos cansadas y no nos apetecía pasearnos más, mañana ya lo volveríamos a hacer

lunes, 14 de marzo de 2011

Photographing Beatles - Capítulo 6-

La llegada a Madrid se me hizo interminable. Nos dio tiempo a parar, pude dormir un rato en el coche e incluso me dio tiempo a entretenerme intentando hacer fotos desde el coche a los paisajes, lo cual fue me fue imposible.
Las horas y minutos se hacían interminables y tenía unas ganas infinitas de llegar, además hubo un cambio de planes. Al fin no cogeríamos un tren y luego un barco, nos iríamos en avión directamente; haciendo cuentas comprobamos que saldría quizás algo más caro pero llegaríamos mucho antes y podríamos instalarnos enseguida.
Llegamos a Madrid a la hora de comer, aparcamos cerca de un bar y nos reunimos. Andrea y yo comíamos como si nos fuese la vida en ello, creo que ni siquiera teníamos hambre, pero queríamos ir cuando antes al aeropuerto. Estaba nerviosa, muy nerviosa, el avión salía a las seis y aún eran las tres y media de la tarde. Como aún quedaban dos horas y media más o menos, nuestros familiares se quedaron charlando y Andrea y yo decidimos escaparnos un rato a hacer fotos, eso sí, mis tíos no dejaron moverse a sus hijos.
Paseamos por la ciudad mientras hablábamos y por milésima vez volvimos a imaginar todas aquellas cosas y “aventurillas”, que nos esperaban.
-Emm… Sara, no es por nada pero… ¡Falta media hora para que salga el avión!- Exclamó Andrea de sopetón.
-Jajaja, Andrea, tú y tus bromas.- Dije sin hacer caso de sus palabras.
-¡Sara! ¿Me ves con cara de estar bromeando?-Me contestó Andrea estampándome el reloj en la cara.
-¿¡QUEE!? ¡CORRE!- Grité al mirar la hora y ver que ella estaba en lo cierto.
Andrea y yo nos pusimos a correr como dos locas por la ciudad, nuestros familiares seguramente no se habrían dado cuenta, pues estaban interesadísimos en sus charlas.
-Por el amor de dios ¡CORRED!-Dijo Andrea exhausta.
-¿Pero qué pasa?-Respondió su madre.
Al momento entré yo, corriendo.
-¡MEDIA HORA! ¡SOLO MEDIA HORA!
-¿Qué demonios estáis diciendo chicas?-Preguntó mi padre.
-¡EL AVIÓN!-Respondimos a coro.
Entonces ,se percataron de que si no salíamos en breves momentos corriendo hacia el coche, una de dos, o Andrea y yo nos íbamos corriendo o nos daba algo.
Pagaron la cuenta increíblemente rápido con ese conocido “¡Quédese con el cambio!”
Subimos a nuestros respectivos coches, los arrancamos y nos dirigimos al aeropuerto, tardamos poco, cinco o siete minutos, si llega.
Una vez allí, compramos los billetes y esperamos unos instantes antes de que saliese el avión. Los adultos no paraban de repetir “Tened cuidado”, “Llamad en cuanto podáis”, “Abrigaos bien, allí no hace tanto sol” (Sí, se creían que aquello era como Siberia o algo por el estilo.), “Si necesitáis dinero no dudéis en llamar.”, “¿Seguro que lo lleváis todo?”… y un montón de frases más que suelen decir los padres desconfiados y preocupados.
-Espero que lo pases muy bien y que aprendas muchas cosas-Dijo mi primo mayor con una gran sonrisa.
-Gracias, de verdad -Contesté mientras le abrazaba.
-Lo mismo te digo Andrea, pásalo bien.-
-Gracias-Dijo mientras se daban dos besos.
-¿Vendrás pronto?- Dijo mi primo pequeño.
-Jaja, ¿Aún no me he ido y ya quieres que vuelva? Ya te vale renacuajo-Dije mientras le acariciaba el pelo.
-Entonces… ¡Déjame tus juguetes! Así me acordaré de ti.- Me dijo mientras me abarazaba fuertemente.
-Claro que sí-Dije entre risas.
Después de que nuestros padres nos dieran incontables abrazos, besos y consejos “de supervivencia”, al fin llegó el avión y Andrea y yo, dos chicas de apenas dieciocho años embarcábamos para volar a aquella ciudad… Liverpool.
Subimos más que emocionadas, buscamos nuestros asientos y Andrea se sentó en la ventana, pues así lo prefería.
Llegaríamos aproximadamente en 12 horas, es decir a las 6 de la mañana.
Al rato la azafata comenzó a pasearse por el avión, ofrecía bebida y algo de comer. Andrea y yo nos compramos dos botellitas de agua y un paquete de cacahuetes para comer algo en un rato.
Sin darme cuenta me quedé dormida, Andrea seguramente también y al cabo de un tiempo me despertó ella misma.
-Sara, Sara… Despierta, el avión va a aterrizar en nada. – Me decía mientras me balanceaba.
-Mmm… ¿Ya? Vaya, que rápido se ha pasado.- Le contesté, aún adormilada y frotándome los ojos.
-Sí la verdad es que sí, pero mejor ¿No?- Su tono era alegre y muy animador.
-Sí por supuesto-Contesté emocionada.
Efectivamente, después de decirme esto, empezaron a anunciar que pronto aterrizaríamos, que nos abrochásemos los cinturones y todo eso.
Ni me enteré del aterrizaje, estaba demasiado ansiosa por bajarme ya y conocer Liverpool, así lo deseé y así fue. Cuando anunciaron que podíamos quitarnos los cinturones e ir bajando, cogí todos nuestros trastos del avión y agarré del brazo a Andrea, no aguantaba ni un minuto más allí y nos quedaba mucha ciudad por conocer, pero ahora no era tiempo de eso, ahora teníamos que encontrar un lugar dónde poder descansar, aunque sólo fuese un par de horas.

lunes, 28 de febrero de 2011

Photographing Beatles- Capítulo 5-

-Es increíble, hoy he hablado con mi madre sobre el viaje y parece que ya lo entiende, bueno aún pone alguna pega… -Dijo Andrea ilusionada.
-Sí, en mi casa igual, aún no están seguros pero ya lo han asimilado. ¡Es genial!
-Tengo muchísimas ganas de que sea mañana. Mi madre ya ha llamado a mi familia para que vengan a despedirse.- Me contó, entre risas.
-La mía ha hecho lo mismo, vendrán mis tíos.
Andrea y yo estábamos más que contentas, aunque nuestras familias no estaban seguras del todo ,ya habían dado un gran paso aceptándolo.
Nos quedamos un rato más, sentadas en un banco, hablando muy animadas e ilusionadas con nuestra nueva aventura. Se hizo tarde, así que decidimos volver a casa. Andaba con paso lento, no tenía ganas de volver, mi casa estaría otra vez patas arriba con la llegada de mis tíos.
Esta vez no me importaba recogerme el pelo, ni tener que vestirme para la ocasión, nada lo estropearía.
Mis tíos llegaron, bajé corriendo por las escaleras y los saludé a todos.
-Me alegro mucho, es genial que puedas ir. –Dijo mi primo mayor, mientras me abrazaba.
Le sonreí y nos fuimos a la mesa. Para cenar había una suculenta parrillada, el mantel que había era uno de los mejores, casi el de ocasiones especiales, como la vajilla. Los adultos hablaban como si no se viesen hace mucho tiempo, lo habitual, se reían a carcajada limpia y no paraban hasta que mi tío interrumpió:
-Entonces os vais mañana ¿No?
-Sí –Contesté entusiasmada.
-¿Qué pensáis hacer? ¿Tenéis algo preparado? –Preguntó mi tía.
-Mmm… Bueno preparado del todo, no... Tenemos dinero suficiente para empezar pero no tenemos casa fija aún.-Contesté pensativa.
Se quedaron algo dudosos y no me apetecía para nada que volviesen con los cuentos de siempre así que intenté arreglarlo con una improvisada excusa:
-Pero nos hemos informado de que hay una posada que está muy bien y es barata así que para los primeros días nos servirá. –Sus caras de alivio me dejaron respirar tranquila.
Terminamos de cenar y mis padres y mis tíos se sentaron en el sofá a tomar algo como solían hacer, mientras tanto mis primos y yo subimos a mi cuarto. Le dejé algunos juguetes al pequeño para que no se aburriese, era muy inquieto, el mayor y yo nos sentamos en la cama para charlar un rato.
-De verdad no sabes las ganas que tengo…
-Sí, me lo imagino, debe de ser genial poder irte, independizarte… -Acabó la frase algo triste.
-No te pongas triste, seguro que dentro de poco puedes irte a Inglaterra a estudiar inglés –Dije intentando animarle.
-Seamos realistas ,Sara, ahora tendré que trabajar en la empresa de frigoríficos de mi padre. ¡Guau que planazo para el futuro!- Me dijo en un tono sarcástico.
-No seas tonto, con esos ánimos poco vas a hacer.
Al cabo de un rato, mi primo pequeño se durmió y ya era hora de irse. Bajamos a despedirnos y no paraba de escucharse “Ten cuidado”, “No te fíes de nadie”, “Si necesitas algo no dudes en llamar”… Y lo único que hacía era asentir con la cabeza y con una gran sonrisa, al fin y al cabo el único que dijo “Buena suerte, a ver cuándo nos invitas a ir” fue mi primo mayor (raramente).
Se fueron, se cerró la puerta y nos quedamos mis padres, mi abuela y yo. Recogimos la mesa y de inmediato me fui a la cama, mañana debía levantarme pronto para poder revisar todo y llegar a Madrid. Me tumbé en la cama y me quedé mirando las estrellas por la ventana un rato, como solía hacer, no podía quitarme de la cabeza la idea de que mañana comenzaríamos nuestra gran aventura, cerré los ojos y ,algo nerviosa, conseguí dormirme.
Al día siguiente me desperté, puntual como un reloj, salté de la cama y fui gritando a los cuatro vientos por mi casa, como una niña el día de reyes.
-¡MAMÁ, PAPÁ, ABUELA! Despertad, tenemos que prepararlo todo.
-Mmm… Sara… ¿Qué haces tan temprano despierta? –Dijo mi madre incapaz de abrir los ojos.
-Pe-pero… ¡Si son las cinco de la mañana! –Gritó mi padre a punto de matarme.
Mi abuela en seguida se despertó, a ella no le importaba la hora que fuese, así que bajó y preparó el desayuno. Mientras, yo me vestía y revisé como unas cinco veces la maleta, bueno mi súper maleta. Llevaba de todo, ropa de verano, invierno, neceser, libros, la cámara, la armónica, la guitarra… Desayuné en menos que canta un rayo y recogí todo. A las siete habíamos quedado con Andrea, su madre y la pareja de su madre, Javier.
Cuando al fin nos reunimos emprendimos nuestro viaje a Madrid. Aún no me lo podía creer, nuestro sueño hecho realidad…

viernes, 25 de febrero de 2011

Photographing Beatles - Capítulo 4-

Sí, me faltaba, bueno nos faltaba, algo de dinero y lo peor de todo es que no se me ocurría nada para conseguirlo. Eso me agobiaba y detestaba la idea de aceptar dinero de mi familia. Fui a dar una vuelta, esta vez sin Andrea, quería estar sola, pensar, reflexionar sobre lo que había sucedido… y una y otra vez se me pasaban por la cabeza la estúpida  ideas de que si haríamos lo correcto yéndonos. Creía que sería buena idea, me daría el aire, conocería nuevas cosas y podría estudiar realmente lo que quería. Por otra parte todos hablaban como si se tratase de una horrible idea, dos chicas solteras y jóvenes, solas por Liverpool, y una de las críticas que más odiaba era la de que la fotografía era para hombres, ¿y por qué no para mujeres? Yo sola me irritaba pensando aquellas bobadas.
De pronto se iluminó una, pequeña lucecita en mi cabeza. ¡Claro! Ya estaba, nos iríamos al centro de la ciudad, por allí había mucha gente y además algunos adinerados. No lo pensé dos veces, fui corriendo hasta la casa de Andrea, llamé a la puerta eufórica , abrió ella.
-Sara, ¿Qué haces aquí? ¿Pasa algo?-Dijo con tono preocupado.
-No, no pasa nada. ¡Andrea! Tengo una idea para conseguir algo más de dinero.- Le dije, mientras tomaba aire, ya que había ido corriendo.
-¿Qué? ¡Eso es genial!¿De qué se trata? Tiene que ser un plan infalible, para que hayas venido corriendo hasta aquí.- Me contestó con una sonrisa de oreja a oreja.
-He pensado en que podemos ir al centro a tocar o algo así… Conseguiremos poco pero para irnos y al menos estar en un hostal…-Andrea me cortó.
-Poco no, muy poco, ya sabes cómo es la gente y además no sabemos cuánto valdrán los hostales allí. ¿Y si son caros?, además si por casualidad nuestros padres pasan por ahí y nos ven, ¿Qué explicación vamos a darles, qué estamos mendigando?, si nos pillan adiós a nuestro sueño, Sara.-
-¿Y  si no lo son?, Además las posibilidades de que nuestros padres pasen por ahí, es de una contra un millón, además tú misma lo dices muchas veces, si no arriesgas no sabes lo que puede pasar. Intentémoslo.- Le expliqué.
Andrea aceptó, a regañadientes, y quedamos a las cuatro y media para salir hacia allí, iríamos en bici. Estábamos en la manzana que había  entre nuestras casas , mientras me dirigía hacia allí, caí en la cuenta  de que teníamos un problema, cargar las guitarras. Me sorprendí al ver a Andrea como con un vagón y una cuerda, además de la guitarra y la bici. (Por supuesto nuestras armónicas también andaban por allí)
-¡Para!- Deje mis cosas y me dirigí hacia ella- Trae que te ayude antes de que se te caiga todo.-Dije mientras dejaba mis cosas e iba hacia Andrea.
-Sí, será lo mejor-Dijo entre risas.
Una vez acabó de explicarme como se le había ocurrido eso del transporte de guitarras nos pusimos  manos a la obra. A las bicis iba enganchado el vagón con cuerdas y en él las guitarras sujetas. Era un invento algo extraño e incómodo pero servía. Al cabo casi de una hora llegamos al centro. Allí había edificios mucho más bonitos y también pasaban algunos carros de caballos, que por cierto me encantaban. La gente nos miraba extrañados pero no le dimos importancia. Nos situamos en un lugar donde pasaba bastante gente, sacamos las guitarras y armónicas y comenzamos a tocar y cantar. Algunas personas se paraban a mirarnos, con suerte nos dejaban algo de dinero. Andrea miró su reloj, eran las siete, llevábamos una hora y media y decidimos contar lo que nos habían dejado.
-Cinco, diez, quince…- Contaba Andrea con lo que le habían dejado.
-Veinte, veinticinco, treinta… treinta y… cinco. Solo treinta y cinco-Dije, algo soprendida.
-Te lo dije… Bueno al menos es algo.- Me dijo mientras recogía su guitarra.
-Pues volvamos, estoy impaciente por planearlo todo.
Nos fuimos, al llegar desmontamos el invento para transportar las guitarras. Empezamos a hablar, a soñar y a planificar el viaje muy emocionadas.
Saldríamos uno o dos días antes para llegar a Madrid  y allí coger un tren, que nos llevaría a nuestro próximo destino y allí, coger un barco, además de cambiar el dinero. Cuando llegásemos a nuestro esperado destino lo primero que haríamos sería buscar un hostal, una posada o algo parecido hasta encontrar una casa, también, por supuesto ir a informarnos sobre lo de estudiar. Después de estar otra hora planificándolo volvimos a casa y acordamos comunicar nuestros planes.
Así lo hice:
-Mirad, Andrea y yo ya tenemos  suficiente dinero para empezar.- Dije intentando reprimir mi emoción.
Se hizo el silencio, solo se escuchaba  el sonido de los cubiertos.
-¿Ya lo habéis decidido?-Dijo mi padre.
-Sí.
-Pero… ¿Crees que es buena idea?- Insistió mi madre.
-Sí. ¿Cuántas veces tengo que repetirlo?- Contesté algo molesta.
-Y bien, ¿Qué pensáis hacer?-Preguntó mi padre.
Lo expliqué todo con pelos y señales. Ni mis padres ni mi abuela dijeron nada. Preferí dejarlo estar, ya parecía que se lo tomaban mejor.
Al día siguiente, me desperté pronto, como solía hacer. Me recogí el pelo en una coleta y bajé a desayunar, mis padres no estaban, estarían comprando o algo por el estilo y mi abuela estaría paseando con algún vecino, así que me preparé el desayuno, fregué los platos del fregadero, y me puse a hacer una lista con todo lo que me llevaría para el viaje.
Al cabo de diez minutos oí como la puerta se abría y a mis padres. Bajé para darles los buenos días, y al ver que no traían nada, pregunté:
-¿A dónde habéis ido tan pronto?
-A pasear, hacía una mañana estupenda, así que hemos decidido salir a dar un paseo.-Contestó mi madre.
-Ah vale, ¿Y la abuela?-Pregunté extrañada, se me hacía raro que mi abuela no estuviese con ellos.
-Nos ha dicho que quería ir a la frutería, porque al parecer, se habían acabado las naranjas.- Me contestó mi padre mientras se quitaba las gafas de sol.
Miré a mis padres de arriba abajo, no le di la más mera importancia y volví a lo mío, hasta que mi padre me cortó;
-¿Y tú, qué se supone que haces?-Dijo mientras miraba por encima de mi hombro.
-Pues hasta que me has tapado la luz, escribir.
-Eso ya lo he deducido, ¿Qué escribes?-Me dijo un poco molesto por mi contestación.
-Estoy haciendo un listado de todo lo que voy a necesitar para irme a Liverpool- Dije sonriéndole. Acto seguido se fue al jardín a regar las plantas.
Cuando ya había acabado de hacer mi lista, me fui a buscar a Andrea a su casa, pero para mi sorpresa me la encontré paseando a su perro.
-¡Andrea! Ahora mismo iba a buscarte.-Dije mientras me acercaba a ella.
-¡Qué casualidad!, y dime, ¿para qué me buscabas?- Me preguntó mientras sostenía a su cachorro, para que no se le escapase.
-Supongo que ya le habrás dicho a tu madre que tenemos suficiente dinero, y todo eso…-Antes de que acabara me contestó.
-Por supuesto, supongo que ya lo tiene asumido, y por eso ya no se opone a ello.-
-Bien, pues yo me he hecho una lista con todo lo que voy, o vamos, a necesitar, pero si quieres podemos quedar y la repasamos juntas.-Dije ilusionada.
-¡Genial!- Me contestó eufórica.
Parecía ser, que cada vez estábamos más cerca de conseguir nuestro sueño, y que ya nada podía frenarnos, por ahora.

Photographing Beatles - Capítulo 3-

Cuando llegué a casa los adultos seguían hablando como si no hubiese pasado nada. Mi primo pequeño jugaba con algunos juguetes míos que daba por perdidos pero que encontró y su hermano estaba sentado en el sofá con aire de tristeza. Entré, me despedí tan solo de mis primos, le di dos besos a cada uno y al mayor, además, una palmadita cariñosa en la espalda. Subí a mi cuarto, me quité la coleta y me puse algo cómodo ya que la ropa me comenzaba a ser incómoda, no era la ropa que usaba de habitual. Me sentía incomprendida y a la vez furiosa o quizás también algo frustrada.
Cogí la guitarra, toqué unos acordes, eso me relajaba. Al rato escuché como se despedían, abajo, mis padres y mi abuela de mis tíos; no me avisaron, darían por hecho que no estaba dispuesta a bajar, pero para mi sorpresa alguien llamó a la puerta.
-¿Se puede?-Era mi primo mayor.
-Sí, pasa.- Dije sin quitarle el ojo a la guitarra.
Se sentó a mi lado, en la cama, se quedó mirando al suelo y dijo:
-Vete, si realmente ese es tu sueño, ves, no te dejes coaccionar por nadie, aunque sean tus padres.-Su voz sonaba firme y consoladora.-A mí me encantaría viajar, salir de aquí, ser “libre”.- Prosiguió.
-Me iré-Dije decidida-, les guste o no, yo me voy, ya lo asimilarán.
Me miró y me sonrió.
-Pero tienes que prometerme que podré ir a visitarte y que tú también vendrás por aquí, ¿De acuerdo?.
-Prometido.-Dije firmemente y mirándole fijamente a los ojos.
Nos abrazamos y añadió:
-Bueno me tengo que ir, cuando te vayas no te olvides de despedirte, al menos de mí.
Asentí con la cabeza mientras se levantaba y, al salir, cerró la puerta cuidadosamente.
La despedida se alargó diez minutos más, intenté volver a mis acordes, a mí guitarra…
Me acosté y me quedé mirando a las estrellas hasta conciliar el sueño.
Al día siguiente me desperté, más tarde de lo habitual y bajé enseguida. Mis padres y mi abuela ya casi acababan de desayunar y cuando estuvimos todos en la mesa se creó un silencio incómodo y se respiraba un aire tenso. Tomé un poco de leche con tostadas y al acabar me fui a comprar el pan y algunas cosas más que hacían falta en casa. Me dirigí hacia el mercado, a pie, estaba como a unos veinte minutos, pero esta vez no me importaba el tiempo, con tal de no tener que soportar ese silencio incómodo en mí casa.
Era un mercado bastante completo, con una carnicería, una verdulería, una pescadería, una panadería…
Entré a la panadería y me encontré con Andrea.
-¡Andrea!- No me esperaba que ella estuviese aquí.
-¡Ay Va! Sara- Dijo, muy sorprendida y alegre.
Me acerqué al mostrador y pedí dos barras de pan. Andrea ya había comprado pero se esperó a que acabase de realizar mí compra.
-Aún tengo que ir a la verdulería y a la carnicería, sí, ese lugar dónde cuelgan tripas de cerdo y esos pobres conejos. – Matizó; Andrea detestaba la carne.
-Yo también.-Dije mientras pagaba.
Una vez acabamos las compras, volvimos juntas hacia casa, por el camino nos encontramos a unas amigas nuestras: Inés, Carmen y Verónica.
Inés era un poco más alta que nosotras dos, con el pelo liso, castaño y ojos claros. Era de personalidad muy abierta, era muy sociable y siempre tenía la sonrisa en la cara.
Carmen, tenía el pelo negro, y los ojos muy oscuros, pero lo que más destacaba era su piel pálida y llena de pecas.
Verónica tenía los ojos claros, casi siempre iba maquillada,, ya que su madre se dedicaba a la estética; vestida siempre a la moda y su pelo… su pelo cambiaba con frecuencia y siempre nos reprochaba nuestro aspecto.
Justo antes de cruzarnos, susurré a Andrea
-Se lo decimos ¿No?
-Creo que es lo mejor, al fin y al cabo, son nuestras amigas.-Dijo en el mismo tono.
Cuando nos encontramos , nos dimos dos besos cada una:
-¡Andrea, Sara! ¡Cuánto tiempo!- Dijo Inés con su alegría característica.
-Si, la verdad es que hacía tiempo que no nos veíamos-Respondió Andrea sonriendo.
-¿Qué tal estáis? ¿Cómo va todo?- Preguntó Carmen con una sonrisa forzada.
-Pues muy bien…bueno…quizás no tan bien.-Respondí apenada.
-¿Y eso?-Al fin habló Verónica, en un tono, más bien cotilla que preocupado.
-Pues… Ya sabéis que además de la guitarra nos gusta mucho la fotografía y queremos irnos a Liverpool a estudiar.-Andrea habló firme y decidida.
-Pero… vuestros padres…-Carmen, se quedó en blanco.
-¿Cómo? ¿Habéis dicho Liver…pool?-Preguntó Verónica con su estúpido tono de superioridad.
-Sí, a Liverpool. Nuestros padres no están muy de acuerdo pero no nos importa.-Aclaré de forma un poco contundente, ya que odiaba cuando Verónica se ponía en ese plan… ¡Buff! ¡Era insoportable! Y…¿ Es que tan difícil era la palabra Liverpool para qué nadie la supiese pronunciar?, me preguntaba para mis adentros mientras ella asimilaba lo que le había dicho.
-Bah… Que tontería, ir para estudiar como funciona una cámara de fotos eso es cosa de hombres, ellos nos sacarán guapas en cuantas fotos nos hagan..-Se quejó Verónica.
-No empieces tú también ¿Vale? Y eso de los hombres no tiene nada que ver.-Añadió Andrea, ya que ella era una fuerte defensora de la mujer y de sus derechos, aunque no lo propagaba a los cuatro vientos.
Ya empezábamos con lo mismo, no estaba dispuesta a aguantarlo y supuse que Andrea tampoco. Nos despedimos con un “Adiós” algo seco y proseguimos nuestro camino.
Por el camino empezaba a plantearme si de verdad podríamos, es más, si realmente deberíamos irnos, todo el mundo o casi todo estaba disconforme con aquella idea. ¿Tan horrible y horroroso era querer irse a estudiar fuera?
Llegamos a mi casa y como siempre quedamos para luego. Entré y cada vez que estaba en el mismo lugar que mis padres y mi abuela volvía aquel silencio incómodo y ese aire de tensión, por la ventana que estaba encima del fregadero pude ver como se alejaba Andrea hacia su casa. Guardé la compra y subí un rato a mi cuarto, el único lugar dónde encontraría un poco de tranquilidad. A la hora de comer mi madre preguntó tímidamente:
-¿Aún piensas irte?
-Sí.-Contesté de forma breve pero contundente.
Cada uno volvió con su tema.
-Y… ¿Cuándo pensabas irte?-Dijo mi padre.
-Pues hemos estado ahorrando, aunque nos falta algo de dinero, pero teníamos previsto irnos la tercera semana de septiembre, cuando Andrea ya haya cumplido los dieciocho.
-Nosotros podemos dejarte algo de dinero.-Se ofreció mi abuela.
-No, no aceptaré dinero.- Sabía que necesitaba ese dinero, pero mi orgullo podía más que mi razón.
Acabamos de comer y mientras quitaba la mesa fui reflexionando y me di cuenta que parecía que ya lo iban entendiendo o más o menos se hacían a la idea.
Sólo esperaba que las cosas en casa de Andrea también mejoraran.
Al llegar la tarde, tumbada en mi cama, mirando las nubes pasas por encima de mí, se me pasaron muchas cosas por la cabeza, pero, tal vez, la que más me carcomía era la idea de que mis amigas no me apoyaran, o que no viesen con buenos ojos que quisiera cumplir mi sueño, de ser una fotógrafa. Ellas eran muy simples, querían encontrar un marido adinerado para que las mantuvieran y les consintieran todos sus caprichos, ser una madre de familia y unas perfectas esposas, fieles a sus maridos, cosa que yo, detestaba. La mera idea de estar postrada en casa, fregando, cuidando de los niños, y sin poder respirar aire fresco, me repugnaba, yo quería hacer mi vida, ser libre e independiente, y Andrea quería exactamente lo mismo, es por eso, que nos llevábamos tan bien desde siempre. Pero ahora sólo me quedaba esperar a la noche, para ver si podíamos cumplir nuestro sueño juntas, o, si por el contrario, debía seguir, el camino sola.

martes, 22 de febrero de 2011

Photographing Beatles - Capítulo 2-

Nos quedamos calladas, yo miraba al suelo y Andrea al horizonte esperanzada. Miró su reloj:
-Es la una y media.- Dijo sin apartar la mirada de éste.
-Vaya… ¿Tan tarde ya?-Dije decepcionada, cómo si el tiempo hubiese volado y no nos hubiera dado tiempo ni de sacar las guitarras.
-Sí… creo que será mejor que volvamos a casa, ya es hora de comer.-Le miré y asentí con la cabeza- Por cierto Sara, ¿Esta tarde nos vemos?-Preguntó, cómo siempre hacía después de quedar para dar una vuelta matutina.
-No… Hoy vienen a cenar mis tíos y mis primos y… ya sabes cómo se ponen en casa cuando hay visita.-A parte que tenía que arreglarme el pelo, porque mi madre se negaba a que llevase esa melena  “cómo si fuese yo una chica de esas”, aunque yo no le daba importancia a aquello.
- ¡Ah! Cierto, no me acordaba, vaya memoria.- Y sonrió.
-Pero, después de cenar, si quieres, nos vemos donde siempre.
-Me parece perfecto, allí estaré y no llegues tarde.- Andrea era un poco meticulosa con el tiempo, no le gustaba llegar tarde a ninguna parte, y tampoco que la gente lo hiciera.Cargamos las guitarras, guardé la cámara de fotos y la armónica. Andrea se fue hacia su casa haciendo fotos a los árboles y mariposas que volaban por allí cerca, hasta que se perdió de mi vista debido a la lejanía.
 Cuando llegué a casa, efectivamente, estaban que se subían por las paredes, y eso que aún quedaban unas horas para qué llegasen mis tíos. Subí a mi cuarto, después de intentar saludar, sin éxito, a mis padres, debido al escándalo que ellos solos montaban  y dejé la cámara, la guitarra y mi armónica cuidadosamente en sus respectivos lugares.
-¡Sara, baja a comer!-Exclamó mi abuela.
-¡Sí, ya voy!-Contesté mientras intentaba colocar la cámara en mi estantería junto a la foto de mi abuelo.
Bajé. Mi casa ya era pequeña como para que, además , estuviese llena de trastos allá donde miraras. Nos sentamos en la mesa y empezamos a comer. Había sopa y pescado. Cuando estaba digiriendo una cucharada de esa ardiente sopa mi madre me dijo, mirando a su plato:
-Ya sabes que hoy vienen a cenar los tíos.
-Sí, lo sé, mamá.- Y continué comiendo.
Aún no habíamos acabado de comer y ya estaban pensando en la cena, odiaba esa actitud. Cuando acabamos y al menos me dejaron ir a mi cuarto un rato, a descansar ,  así que subí y me tumbé en la cama, mirando fijamente al techo empecé a reflexionar sobre lo que tenía que hacer y cómo, debía decirlo hoy, en la cena, así habíamos quedado Andrea y yo y no podía fallarle al igual que ella no me fallaría. Cerré los ojos, me olvidé de todo y comencé a imaginarme como sería todo si nos íbamos, pero mi tranquilidad no duró mucho, al rato mi padre ya me estaba  llamando para que bajase a ayudar. La cocina, era un completo desastre, ollas por aquí cacerolas por allá y mi madre y mi abuela no paraban. <<¡Barre la cocina!>>, <<¡Recoge la ropa!>>, <<Arregla el salón>>, <<Vístete>>… Mi cabeza explotaría en cualquier momento y como no sería muy agradable, decidí hacer todo lo más rápido posible. Las horas pasaron volando y cuando miré el reloj eran las ocho menos cuarto y mis tíos estarían al caer. Me vestí y me recogí el pelo, así se notaría menos mi estilo, según mi madre.  Sonó el timbre, ya estaban aquí. Como no, siempre que venían, me recordaban lo alborotado que era mi pelo y bla bla bla… (Sí, aunque lo llevase recogido).
Nos sentamos a cenar, había pavo al horno con verduras y una gran ensalada. Empezamos a comer, los adultos hablaban como si hiciese años que no se veían y además iban muy arreglados, como si fuese una boda o vete tú a saber qué. Decidí comentarlo cuanto antes:
-Emm…-Dije intentando no cortar bruscamente su “interesante” conversación y que todos acaparasen su atención en mí, aunque sólo fuese por unos minutos.- Tengo que deciros algo-Dije algo nerviosa.
-Tú dirás, Sara, pero acaba rápido que estábamos hablando de cosas importantes.- Cómo imaginaba; Dijo mi padre.
-Ya sabéis que además de la guitarra y todo eso.- Intenté encaminar la conversación- me gusta mucho hacer fotos como Andrea y hemos estado pensándolo mucho, y hemos decidido irnos a estudiar a Liverpool.
 Hubo un silencio, que se me hizo eterno, de momento todos, excepto mi primo mayor, soltaron una carcajada.
- ¿A Liver… qué?- Dijo mi madre, entre  risas.
-Liverpool.-Aclaré muy seria, no me hacía gracia que se burlaran de lo que hacía, y menos de esto.
-Debe ser un chiste muy bueno- Dijo mi tío.
-No, no es ningún chiste, pienso irme.- Dije desintegrándolo con la mirada.
-A mí me parece una buena idea, así conoces mundo, además dicen que Liverpool está muy bien, yo estoy contigo- Me apoyó mi primo mayor, que recibió una mirada fulminante por parte de mis padres y los suyos que callaron inmediatamente su risa cínica.
-No, no, no. Tú no te vas a ningún sitio, jovencita.-Dijeron mis padres casi a coro.
-¿Por qué no? Ya soy bastante mayor para decidir lo que más me conviene y lo que realmente quiero.
-¿Mayor? Pero si aún eres una muchachita, no hay más que mirarte, bueno miraros ,¿qué pensarán de vosotras con esas pintas?-Sí, se refería a nuestros peinado; Mi tía y su obsesión con ir “a la moda”.
Cerré los ojos y tuve que morderme la lengua, estar allí se me hacía insoportable.
-En un mes si llega cumpliré los dieciocho y Andrea en septiembre, ya seremos autosuficientes y podremos marcharnos dónde queramos.- Dije un poco irritada por sus comentarios y su falta de apoyo.
-¡De eso nada, tú te quedas aquí!- Gritó mi padre, señalándome e incluso levantándose de su silla.
No aguanté más, esa incomprensión y esa actitud, así que me fui, cerré la puerta de un portazo y me marché a la manzana más próxima. En un banco estaba sentada  Andrea y no parecía muy contenta. Tenía los ojos llorosos y los cerraba fuerte, como si no quisiese que le cayese ninguna lágrima más. Me senté a su lado.
-¿No ha ido bien verdad?- Pregunté con un tono empático y relajado.
-No… Cuando se lo he dicho a mi madre se lo ha tomado a broma y cuando ha visto que hablaba en serio se ha enfadado y ahora seguro que está llamando a media familia para contárselo y reírse de mí.-Dijo apenada y furiosa.- ¿y en tu casa, cómo ha ido?
-¿En mi casa?, igual.
No mediamos ni una palabra más, estuvimos contemplando, a la penumbra ,las estrellas  que brillaban en el cielo y el silencio del parque en que sólo se oía la frustración de unas chicas retenidas y alejadas de su sueño.

domingo, 20 de febrero de 2011

Photographing Beatles -Capítulo 1-

Amaneció un día claro, sin nubes en el cielo y con un Sol que brillaba muchísimo. Se escuchaba a los pájaros cantar, eran las siete de la mañana. Me desperté, por fin había llegado el verano y por fin podría dedicarme a las cosas que más me gustaban. Me encontraba en mi cuarto, no muy grande, situado en el ático. Tenía una ventana en el techo desde donde se podían observar las estrellas, un escritorio algo viejo, con su silla, y en el la cámara de mi abuelo, bastante antigua, con la que muchas veces me entretenía fotografiando todo aquello que veía. Una estantería llena de libros y en una esquina mi querida guitarra junto a una pequeña cajita, donde estaba mi armónica.
Decidí levantarme de la cama para vestirme y arreglarme, en casa vivíamos mis padres, mi abuela y yo. Ellos aún dormían.
Fui al baño a peinar mi melena castaña y alborotada. Familiares y amigos siempre estaban con el cuento de que me cortase el pelo, ya que esa melena desentonaba con la del resto de chicas, pero a mi me gustaba tal y como estaba.
Bajé a la cocina, calenté un poco de leche y desayuné. Como al fin no tenía nada que hacer, podría ver a Andrea y pasar el día hablando, tocando y haciendo fotos con ella.
Andrea vivía dos manzanas más arriba, así que cogí la guitarra y la cámara de fotos, mis padres imaginarían que había ido a verla, así que, no les desperté.
Por el camino habían varios árboles, banquitos y varias casas. Llegué a casa de Andrea, allí eran madrugadores y ya estaban despiertos. Toqué a la puerta, abrió su madre y me dijo que estaba en su cuarto. Aquella casa se parecía a la mía, comedor y cocina abajo, dos o tres habitaciones no muy grandes en la segunda planta y en la última un ático. Andrea estaba peinándose el pelo, que, también desentonaba algo, el suyo era algo más liso, las dos teníamos flequillo, mis ojos eran marrones y los suyos verdes.
- ¡Hola! Enseguida acabo.- Dijo mirándose en su enorme espejo y dirijiéndome la mirada desde el mismo.
- Vale, perfecto. He pensado que podríamos ir a dar una vuelta.-Lo hacíamos casi a diario, así que me esperaba su respuesta.
- Mmm, sí. ¡Claro! Me parece bien.-Con una sonrisa en la cara, le dije a la vez que suspiraba, por llevar a encima mi guitarra, la armónica y algunas notas- ¡Genial!.
A los pocos minutos acabó de arreglarse y nos fuimos a dar una vuelta. Nos sentamos en un banco y tocamos algunos acordes, cantamos e hicimos fotos a las flores.
- Emm... ¿Ya le has dicho algo a tu madre sobre lo de fotografía?- Pregunté.
- No... No creo que se lo tome demasiado bien... - Dijo con una voz cansada-¿Tu has dicho algo en casa?- Dijo algo esperanzada.
- No, tampoco he dicho nada, ya sabes como son.
Las dos estábamos algo incomprendidas, debido a que no teníamos  las mismas aficiones y proyecciones de futuro, que el resto de chicas.
- Sí... Creo que lo mejor es que se lo digamos esta tarde -Dijo Andrea, como si de momento toda la seguridad se volcase en ella.
- Vale, ¡de hoy no pasa!.
Y las dos, tomamos aire, cerramos los ojos y nos dijimos, para nosotras mismas, que podíamos y debíamos hacerlo.