Nos quedamos calladas, yo miraba al suelo y Andrea al horizonte esperanzada. Miró su reloj:
-Es la una y media.- Dijo sin apartar la mirada de éste.
-Vaya… ¿Tan tarde ya?-Dije decepcionada, cómo si el tiempo hubiese volado y no nos hubiera dado tiempo ni de sacar las guitarras.
-Sí… creo que será mejor que volvamos a casa, ya es hora de comer.-Le miré y asentí con la cabeza- Por cierto Sara, ¿Esta tarde nos vemos?-Preguntó, cómo siempre hacía después de quedar para dar una vuelta matutina.
-No… Hoy vienen a cenar mis tíos y mis primos y… ya sabes cómo se ponen en casa cuando hay visita.-A parte que tenía que arreglarme el pelo, porque mi madre se negaba a que llevase esa melena “cómo si fuese yo una chica de esas”, aunque yo no le daba importancia a aquello.
- ¡Ah! Cierto, no me acordaba, vaya memoria.- Y sonrió.
-Pero, después de cenar, si quieres, nos vemos donde siempre.
-Me parece perfecto, allí estaré y no llegues tarde.- Andrea era un poco meticulosa con el tiempo, no le gustaba llegar tarde a ninguna parte, y tampoco que la gente lo hiciera.Cargamos las guitarras, guardé la cámara de fotos y la armónica. Andrea se fue hacia su casa haciendo fotos a los árboles y mariposas que volaban por allí cerca, hasta que se perdió de mi vista debido a la lejanía.
Cuando llegué a casa, efectivamente, estaban que se subían por las paredes, y eso que aún quedaban unas horas para qué llegasen mis tíos. Subí a mi cuarto, después de intentar saludar, sin éxito, a mis padres, debido al escándalo que ellos solos montaban y dejé la cámara, la guitarra y mi armónica cuidadosamente en sus respectivos lugares.
-¡Sara, baja a comer!-Exclamó mi abuela.
-¡Sí, ya voy!-Contesté mientras intentaba colocar la cámara en mi estantería junto a la foto de mi abuelo.
Bajé. Mi casa ya era pequeña como para que, además , estuviese llena de trastos allá donde miraras. Nos sentamos en la mesa y empezamos a comer. Había sopa y pescado. Cuando estaba digiriendo una cucharada de esa ardiente sopa mi madre me dijo, mirando a su plato:
-Ya sabes que hoy vienen a cenar los tíos.
-Sí, lo sé, mamá.- Y continué comiendo.
Aún no habíamos acabado de comer y ya estaban pensando en la cena, odiaba esa actitud. Cuando acabamos y al menos me dejaron ir a mi cuarto un rato, a descansar , así que subí y me tumbé en la cama, mirando fijamente al techo empecé a reflexionar sobre lo que tenía que hacer y cómo, debía decirlo hoy, en la cena, así habíamos quedado Andrea y yo y no podía fallarle al igual que ella no me fallaría. Cerré los ojos, me olvidé de todo y comencé a imaginarme como sería todo si nos íbamos, pero mi tranquilidad no duró mucho, al rato mi padre ya me estaba llamando para que bajase a ayudar. La cocina, era un completo desastre, ollas por aquí cacerolas por allá y mi madre y mi abuela no paraban. <<¡Barre la cocina!>>, <<¡Recoge la ropa!>>, <<Arregla el salón>>, <<Vístete>>… Mi cabeza explotaría en cualquier momento y como no sería muy agradable, decidí hacer todo lo más rápido posible. Las horas pasaron volando y cuando miré el reloj eran las ocho menos cuarto y mis tíos estarían al caer. Me vestí y me recogí el pelo, así se notaría menos mi estilo, según mi madre. Sonó el timbre, ya estaban aquí. Como no, siempre que venían, me recordaban lo alborotado que era mi pelo y bla bla bla… (Sí, aunque lo llevase recogido).
Nos sentamos a cenar, había pavo al horno con verduras y una gran ensalada. Empezamos a comer, los adultos hablaban como si hiciese años que no se veían y además iban muy arreglados, como si fuese una boda o vete tú a saber qué. Decidí comentarlo cuanto antes:
-Emm…-Dije intentando no cortar bruscamente su “interesante” conversación y que todos acaparasen su atención en mí, aunque sólo fuese por unos minutos.- Tengo que deciros algo-Dije algo nerviosa.
-Tú dirás, Sara, pero acaba rápido que estábamos hablando de cosas importantes.- Cómo imaginaba; Dijo mi padre.
-Ya sabéis que además de la guitarra y todo eso.- Intenté encaminar la conversación- me gusta mucho hacer fotos como Andrea y hemos estado pensándolo mucho, y hemos decidido irnos a estudiar a Liverpool.
Hubo un silencio, que se me hizo eterno, de momento todos, excepto mi primo mayor, soltaron una carcajada.
- ¿A Liver… qué?- Dijo mi madre, entre risas.
-Liverpool.-Aclaré muy seria, no me hacía gracia que se burlaran de lo que hacía, y menos de esto.
-Debe ser un chiste muy bueno- Dijo mi tío.
-No, no es ningún chiste, pienso irme.- Dije desintegrándolo con la mirada.
-A mí me parece una buena idea, así conoces mundo, además dicen que Liverpool está muy bien, yo estoy contigo- Me apoyó mi primo mayor, que recibió una mirada fulminante por parte de mis padres y los suyos que callaron inmediatamente su risa cínica.
-No, no, no. Tú no te vas a ningún sitio, jovencita.-Dijeron mis padres casi a coro.
-¿Por qué no? Ya soy bastante mayor para decidir lo que más me conviene y lo que realmente quiero.
-¿Mayor? Pero si aún eres una muchachita, no hay más que mirarte, bueno miraros ,¿qué pensarán de vosotras con esas pintas?-Sí, se refería a nuestros peinado; Mi tía y su obsesión con ir “a la moda”.
Cerré los ojos y tuve que morderme la lengua, estar allí se me hacía insoportable.
-En un mes si llega cumpliré los dieciocho y Andrea en septiembre, ya seremos autosuficientes y podremos marcharnos dónde queramos.- Dije un poco irritada por sus comentarios y su falta de apoyo.
-¡De eso nada, tú te quedas aquí!- Gritó mi padre, señalándome e incluso levantándose de su silla.
No aguanté más, esa incomprensión y esa actitud, así que me fui, cerré la puerta de un portazo y me marché a la manzana más próxima. En un banco estaba sentada Andrea y no parecía muy contenta. Tenía los ojos llorosos y los cerraba fuerte, como si no quisiese que le cayese ninguna lágrima más. Me senté a su lado.
-¿No ha ido bien verdad?- Pregunté con un tono empático y relajado.
-No… Cuando se lo he dicho a mi madre se lo ha tomado a broma y cuando ha visto que hablaba en serio se ha enfadado y ahora seguro que está llamando a media familia para contárselo y reírse de mí.-Dijo apenada y furiosa.- ¿y en tu casa, cómo ha ido?
-¿En mi casa?, igual.
No mediamos ni una palabra más, estuvimos contemplando, a la penumbra ,las estrellas que brillaban en el cielo y el silencio del parque en que sólo se oía la frustración de unas chicas retenidas y alejadas de su sueño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario