-Es increíble, hoy he hablado con mi madre sobre el viaje y parece que ya lo entiende, bueno aún pone alguna pega… -Dijo Andrea ilusionada.
-Sí, en mi casa igual, aún no están seguros pero ya lo han asimilado. ¡Es genial!
-Tengo muchísimas ganas de que sea mañana. Mi madre ya ha llamado a mi familia para que vengan a despedirse.- Me contó, entre risas.
-La mía ha hecho lo mismo, vendrán mis tíos.
Andrea y yo estábamos más que contentas, aunque nuestras familias no estaban seguras del todo ,ya habían dado un gran paso aceptándolo.
Nos quedamos un rato más, sentadas en un banco, hablando muy animadas e ilusionadas con nuestra nueva aventura. Se hizo tarde, así que decidimos volver a casa. Andaba con paso lento, no tenía ganas de volver, mi casa estaría otra vez patas arriba con la llegada de mis tíos.
Esta vez no me importaba recogerme el pelo, ni tener que vestirme para la ocasión, nada lo estropearía.
Mis tíos llegaron, bajé corriendo por las escaleras y los saludé a todos.
-Me alegro mucho, es genial que puedas ir. –Dijo mi primo mayor, mientras me abrazaba.
Le sonreí y nos fuimos a la mesa. Para cenar había una suculenta parrillada, el mantel que había era uno de los mejores, casi el de ocasiones especiales, como la vajilla. Los adultos hablaban como si no se viesen hace mucho tiempo, lo habitual, se reían a carcajada limpia y no paraban hasta que mi tío interrumpió:
-Entonces os vais mañana ¿No?
-Sí –Contesté entusiasmada.
-¿Qué pensáis hacer? ¿Tenéis algo preparado? –Preguntó mi tía.
-Mmm… Bueno preparado del todo, no... Tenemos dinero suficiente para empezar pero no tenemos casa fija aún.-Contesté pensativa.
Se quedaron algo dudosos y no me apetecía para nada que volviesen con los cuentos de siempre así que intenté arreglarlo con una improvisada excusa:
-Pero nos hemos informado de que hay una posada que está muy bien y es barata así que para los primeros días nos servirá. –Sus caras de alivio me dejaron respirar tranquila.
Terminamos de cenar y mis padres y mis tíos se sentaron en el sofá a tomar algo como solían hacer, mientras tanto mis primos y yo subimos a mi cuarto. Le dejé algunos juguetes al pequeño para que no se aburriese, era muy inquieto, el mayor y yo nos sentamos en la cama para charlar un rato.
-De verdad no sabes las ganas que tengo…
-Sí, me lo imagino, debe de ser genial poder irte, independizarte… -Acabó la frase algo triste.
-No te pongas triste, seguro que dentro de poco puedes irte a Inglaterra a estudiar inglés –Dije intentando animarle.
-Seamos realistas ,Sara, ahora tendré que trabajar en la empresa de frigoríficos de mi padre. ¡Guau que planazo para el futuro!- Me dijo en un tono sarcástico.
-No seas tonto, con esos ánimos poco vas a hacer.
Al cabo de un rato, mi primo pequeño se durmió y ya era hora de irse. Bajamos a despedirnos y no paraba de escucharse “Ten cuidado”, “No te fíes de nadie”, “Si necesitas algo no dudes en llamar”… Y lo único que hacía era asentir con la cabeza y con una gran sonrisa, al fin y al cabo el único que dijo “Buena suerte, a ver cuándo nos invitas a ir” fue mi primo mayor (raramente).
Se fueron, se cerró la puerta y nos quedamos mis padres, mi abuela y yo. Recogimos la mesa y de inmediato me fui a la cama, mañana debía levantarme pronto para poder revisar todo y llegar a Madrid. Me tumbé en la cama y me quedé mirando las estrellas por la ventana un rato, como solía hacer, no podía quitarme de la cabeza la idea de que mañana comenzaríamos nuestra gran aventura, cerré los ojos y ,algo nerviosa, conseguí dormirme.
Al día siguiente me desperté, puntual como un reloj, salté de la cama y fui gritando a los cuatro vientos por mi casa, como una niña el día de reyes.
-¡MAMÁ, PAPÁ, ABUELA! Despertad, tenemos que prepararlo todo.
-Mmm… Sara… ¿Qué haces tan temprano despierta? –Dijo mi madre incapaz de abrir los ojos.
-Pe-pero… ¡Si son las cinco de la mañana! –Gritó mi padre a punto de matarme.
Mi abuela en seguida se despertó, a ella no le importaba la hora que fuese, así que bajó y preparó el desayuno. Mientras, yo me vestía y revisé como unas cinco veces la maleta, bueno mi súper maleta. Llevaba de todo, ropa de verano, invierno, neceser, libros, la cámara, la armónica, la guitarra… Desayuné en menos que canta un rayo y recogí todo. A las siete habíamos quedado con Andrea, su madre y la pareja de su madre, Javier.
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