La llegada a Madrid se me hizo interminable. Nos dio tiempo a parar, pude dormir un rato en el coche e incluso me dio tiempo a entretenerme intentando hacer fotos desde el coche a los paisajes, lo cual fue me fue imposible.
Las horas y minutos se hacían interminables y tenía unas ganas infinitas de llegar, además hubo un cambio de planes. Al fin no cogeríamos un tren y luego un barco, nos iríamos en avión directamente; haciendo cuentas comprobamos que saldría quizás algo más caro pero llegaríamos mucho antes y podríamos instalarnos enseguida.
Llegamos a Madrid a la hora de comer, aparcamos cerca de un bar y nos reunimos. Andrea y yo comíamos como si nos fuese la vida en ello, creo que ni siquiera teníamos hambre, pero queríamos ir cuando antes al aeropuerto. Estaba nerviosa, muy nerviosa, el avión salía a las seis y aún eran las tres y media de la tarde. Como aún quedaban dos horas y media más o menos, nuestros familiares se quedaron charlando y Andrea y yo decidimos escaparnos un rato a hacer fotos, eso sí, mis tíos no dejaron moverse a sus hijos.
Paseamos por la ciudad mientras hablábamos y por milésima vez volvimos a imaginar todas aquellas cosas y “aventurillas”, que nos esperaban.
-Emm… Sara, no es por nada pero… ¡Falta media hora para que salga el avión!- Exclamó Andrea de sopetón.
-Jajaja, Andrea, tú y tus bromas.- Dije sin hacer caso de sus palabras.
-¡Sara! ¿Me ves con cara de estar bromeando?-Me contestó Andrea estampándome el reloj en la cara.
-¿¡QUEE!? ¡CORRE!- Grité al mirar la hora y ver que ella estaba en lo cierto.
Andrea y yo nos pusimos a correr como dos locas por la ciudad, nuestros familiares seguramente no se habrían dado cuenta, pues estaban interesadísimos en sus charlas.
-Por el amor de dios ¡CORRED!-Dijo Andrea exhausta.
-¿Pero qué pasa?-Respondió su madre.
Al momento entré yo, corriendo.
-¡MEDIA HORA! ¡SOLO MEDIA HORA!
-¿Qué demonios estáis diciendo chicas?-Preguntó mi padre.
-¡EL AVIÓN!-Respondimos a coro.
Entonces ,se percataron de que si no salíamos en breves momentos corriendo hacia el coche, una de dos, o Andrea y yo nos íbamos corriendo o nos daba algo.
Pagaron la cuenta increíblemente rápido con ese conocido “¡Quédese con el cambio!”
Subimos a nuestros respectivos coches, los arrancamos y nos dirigimos al aeropuerto, tardamos poco, cinco o siete minutos, si llega.
Una vez allí, compramos los billetes y esperamos unos instantes antes de que saliese el avión. Los adultos no paraban de repetir “Tened cuidado”, “Llamad en cuanto podáis”, “Abrigaos bien, allí no hace tanto sol” (Sí, se creían que aquello era como Siberia o algo por el estilo.), “Si necesitáis dinero no dudéis en llamar.”, “¿Seguro que lo lleváis todo?”… y un montón de frases más que suelen decir los padres desconfiados y preocupados.
-Espero que lo pases muy bien y que aprendas muchas cosas-Dijo mi primo mayor con una gran sonrisa.
-Gracias, de verdad -Contesté mientras le abrazaba.
-Lo mismo te digo Andrea, pásalo bien.-
-Gracias-Dijo mientras se daban dos besos.
-¿Vendrás pronto?- Dijo mi primo pequeño.
-Jaja, ¿Aún no me he ido y ya quieres que vuelva? Ya te vale renacuajo-Dije mientras le acariciaba el pelo.
-Entonces… ¡Déjame tus juguetes! Así me acordaré de ti.- Me dijo mientras me abarazaba fuertemente.
-Claro que sí-Dije entre risas.
Después de que nuestros padres nos dieran incontables abrazos, besos y consejos “de supervivencia”, al fin llegó el avión y Andrea y yo, dos chicas de apenas dieciocho años embarcábamos para volar a aquella ciudad… Liverpool.
Subimos más que emocionadas, buscamos nuestros asientos y Andrea se sentó en la ventana, pues así lo prefería.
Llegaríamos aproximadamente en 12 horas, es decir a las 6 de la mañana.
Al rato la azafata comenzó a pasearse por el avión, ofrecía bebida y algo de comer. Andrea y yo nos compramos dos botellitas de agua y un paquete de cacahuetes para comer algo en un rato.
Sin darme cuenta me quedé dormida, Andrea seguramente también y al cabo de un tiempo me despertó ella misma.
-Sara, Sara… Despierta, el avión va a aterrizar en nada. – Me decía mientras me balanceaba.
-Mmm… ¿Ya? Vaya, que rápido se ha pasado.- Le contesté, aún adormilada y frotándome los ojos.
-Sí la verdad es que sí, pero mejor ¿No?- Su tono era alegre y muy animador.
-Sí por supuesto-Contesté emocionada.
Efectivamente, después de decirme esto, empezaron a anunciar que pronto aterrizaríamos, que nos abrochásemos los cinturones y todo eso.
Ni me enteré del aterrizaje, estaba demasiado ansiosa por bajarme ya y conocer Liverpool, así lo deseé y así fue. Cuando anunciaron que podíamos quitarnos los cinturones e ir bajando, cogí todos nuestros trastos del avión y agarré del brazo a Andrea, no aguantaba ni un minuto más allí y nos quedaba mucha ciudad por conocer, pero ahora no era tiempo de eso, ahora teníamos que encontrar un lugar dónde poder descansar, aunque sólo fuese un par de horas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario