lunes, 28 de febrero de 2011

Photographing Beatles- Capítulo 5-

-Es increíble, hoy he hablado con mi madre sobre el viaje y parece que ya lo entiende, bueno aún pone alguna pega… -Dijo Andrea ilusionada.
-Sí, en mi casa igual, aún no están seguros pero ya lo han asimilado. ¡Es genial!
-Tengo muchísimas ganas de que sea mañana. Mi madre ya ha llamado a mi familia para que vengan a despedirse.- Me contó, entre risas.
-La mía ha hecho lo mismo, vendrán mis tíos.
Andrea y yo estábamos más que contentas, aunque nuestras familias no estaban seguras del todo ,ya habían dado un gran paso aceptándolo.
Nos quedamos un rato más, sentadas en un banco, hablando muy animadas e ilusionadas con nuestra nueva aventura. Se hizo tarde, así que decidimos volver a casa. Andaba con paso lento, no tenía ganas de volver, mi casa estaría otra vez patas arriba con la llegada de mis tíos.
Esta vez no me importaba recogerme el pelo, ni tener que vestirme para la ocasión, nada lo estropearía.
Mis tíos llegaron, bajé corriendo por las escaleras y los saludé a todos.
-Me alegro mucho, es genial que puedas ir. –Dijo mi primo mayor, mientras me abrazaba.
Le sonreí y nos fuimos a la mesa. Para cenar había una suculenta parrillada, el mantel que había era uno de los mejores, casi el de ocasiones especiales, como la vajilla. Los adultos hablaban como si no se viesen hace mucho tiempo, lo habitual, se reían a carcajada limpia y no paraban hasta que mi tío interrumpió:
-Entonces os vais mañana ¿No?
-Sí –Contesté entusiasmada.
-¿Qué pensáis hacer? ¿Tenéis algo preparado? –Preguntó mi tía.
-Mmm… Bueno preparado del todo, no... Tenemos dinero suficiente para empezar pero no tenemos casa fija aún.-Contesté pensativa.
Se quedaron algo dudosos y no me apetecía para nada que volviesen con los cuentos de siempre así que intenté arreglarlo con una improvisada excusa:
-Pero nos hemos informado de que hay una posada que está muy bien y es barata así que para los primeros días nos servirá. –Sus caras de alivio me dejaron respirar tranquila.
Terminamos de cenar y mis padres y mis tíos se sentaron en el sofá a tomar algo como solían hacer, mientras tanto mis primos y yo subimos a mi cuarto. Le dejé algunos juguetes al pequeño para que no se aburriese, era muy inquieto, el mayor y yo nos sentamos en la cama para charlar un rato.
-De verdad no sabes las ganas que tengo…
-Sí, me lo imagino, debe de ser genial poder irte, independizarte… -Acabó la frase algo triste.
-No te pongas triste, seguro que dentro de poco puedes irte a Inglaterra a estudiar inglés –Dije intentando animarle.
-Seamos realistas ,Sara, ahora tendré que trabajar en la empresa de frigoríficos de mi padre. ¡Guau que planazo para el futuro!- Me dijo en un tono sarcástico.
-No seas tonto, con esos ánimos poco vas a hacer.
Al cabo de un rato, mi primo pequeño se durmió y ya era hora de irse. Bajamos a despedirnos y no paraba de escucharse “Ten cuidado”, “No te fíes de nadie”, “Si necesitas algo no dudes en llamar”… Y lo único que hacía era asentir con la cabeza y con una gran sonrisa, al fin y al cabo el único que dijo “Buena suerte, a ver cuándo nos invitas a ir” fue mi primo mayor (raramente).
Se fueron, se cerró la puerta y nos quedamos mis padres, mi abuela y yo. Recogimos la mesa y de inmediato me fui a la cama, mañana debía levantarme pronto para poder revisar todo y llegar a Madrid. Me tumbé en la cama y me quedé mirando las estrellas por la ventana un rato, como solía hacer, no podía quitarme de la cabeza la idea de que mañana comenzaríamos nuestra gran aventura, cerré los ojos y ,algo nerviosa, conseguí dormirme.
Al día siguiente me desperté, puntual como un reloj, salté de la cama y fui gritando a los cuatro vientos por mi casa, como una niña el día de reyes.
-¡MAMÁ, PAPÁ, ABUELA! Despertad, tenemos que prepararlo todo.
-Mmm… Sara… ¿Qué haces tan temprano despierta? –Dijo mi madre incapaz de abrir los ojos.
-Pe-pero… ¡Si son las cinco de la mañana! –Gritó mi padre a punto de matarme.
Mi abuela en seguida se despertó, a ella no le importaba la hora que fuese, así que bajó y preparó el desayuno. Mientras, yo me vestía y revisé como unas cinco veces la maleta, bueno mi súper maleta. Llevaba de todo, ropa de verano, invierno, neceser, libros, la cámara, la armónica, la guitarra… Desayuné en menos que canta un rayo y recogí todo. A las siete habíamos quedado con Andrea, su madre y la pareja de su madre, Javier.
Cuando al fin nos reunimos emprendimos nuestro viaje a Madrid. Aún no me lo podía creer, nuestro sueño hecho realidad…

viernes, 25 de febrero de 2011

Photographing Beatles - Capítulo 4-

Sí, me faltaba, bueno nos faltaba, algo de dinero y lo peor de todo es que no se me ocurría nada para conseguirlo. Eso me agobiaba y detestaba la idea de aceptar dinero de mi familia. Fui a dar una vuelta, esta vez sin Andrea, quería estar sola, pensar, reflexionar sobre lo que había sucedido… y una y otra vez se me pasaban por la cabeza la estúpida  ideas de que si haríamos lo correcto yéndonos. Creía que sería buena idea, me daría el aire, conocería nuevas cosas y podría estudiar realmente lo que quería. Por otra parte todos hablaban como si se tratase de una horrible idea, dos chicas solteras y jóvenes, solas por Liverpool, y una de las críticas que más odiaba era la de que la fotografía era para hombres, ¿y por qué no para mujeres? Yo sola me irritaba pensando aquellas bobadas.
De pronto se iluminó una, pequeña lucecita en mi cabeza. ¡Claro! Ya estaba, nos iríamos al centro de la ciudad, por allí había mucha gente y además algunos adinerados. No lo pensé dos veces, fui corriendo hasta la casa de Andrea, llamé a la puerta eufórica , abrió ella.
-Sara, ¿Qué haces aquí? ¿Pasa algo?-Dijo con tono preocupado.
-No, no pasa nada. ¡Andrea! Tengo una idea para conseguir algo más de dinero.- Le dije, mientras tomaba aire, ya que había ido corriendo.
-¿Qué? ¡Eso es genial!¿De qué se trata? Tiene que ser un plan infalible, para que hayas venido corriendo hasta aquí.- Me contestó con una sonrisa de oreja a oreja.
-He pensado en que podemos ir al centro a tocar o algo así… Conseguiremos poco pero para irnos y al menos estar en un hostal…-Andrea me cortó.
-Poco no, muy poco, ya sabes cómo es la gente y además no sabemos cuánto valdrán los hostales allí. ¿Y si son caros?, además si por casualidad nuestros padres pasan por ahí y nos ven, ¿Qué explicación vamos a darles, qué estamos mendigando?, si nos pillan adiós a nuestro sueño, Sara.-
-¿Y  si no lo son?, Además las posibilidades de que nuestros padres pasen por ahí, es de una contra un millón, además tú misma lo dices muchas veces, si no arriesgas no sabes lo que puede pasar. Intentémoslo.- Le expliqué.
Andrea aceptó, a regañadientes, y quedamos a las cuatro y media para salir hacia allí, iríamos en bici. Estábamos en la manzana que había  entre nuestras casas , mientras me dirigía hacia allí, caí en la cuenta  de que teníamos un problema, cargar las guitarras. Me sorprendí al ver a Andrea como con un vagón y una cuerda, además de la guitarra y la bici. (Por supuesto nuestras armónicas también andaban por allí)
-¡Para!- Deje mis cosas y me dirigí hacia ella- Trae que te ayude antes de que se te caiga todo.-Dije mientras dejaba mis cosas e iba hacia Andrea.
-Sí, será lo mejor-Dijo entre risas.
Una vez acabó de explicarme como se le había ocurrido eso del transporte de guitarras nos pusimos  manos a la obra. A las bicis iba enganchado el vagón con cuerdas y en él las guitarras sujetas. Era un invento algo extraño e incómodo pero servía. Al cabo casi de una hora llegamos al centro. Allí había edificios mucho más bonitos y también pasaban algunos carros de caballos, que por cierto me encantaban. La gente nos miraba extrañados pero no le dimos importancia. Nos situamos en un lugar donde pasaba bastante gente, sacamos las guitarras y armónicas y comenzamos a tocar y cantar. Algunas personas se paraban a mirarnos, con suerte nos dejaban algo de dinero. Andrea miró su reloj, eran las siete, llevábamos una hora y media y decidimos contar lo que nos habían dejado.
-Cinco, diez, quince…- Contaba Andrea con lo que le habían dejado.
-Veinte, veinticinco, treinta… treinta y… cinco. Solo treinta y cinco-Dije, algo soprendida.
-Te lo dije… Bueno al menos es algo.- Me dijo mientras recogía su guitarra.
-Pues volvamos, estoy impaciente por planearlo todo.
Nos fuimos, al llegar desmontamos el invento para transportar las guitarras. Empezamos a hablar, a soñar y a planificar el viaje muy emocionadas.
Saldríamos uno o dos días antes para llegar a Madrid  y allí coger un tren, que nos llevaría a nuestro próximo destino y allí, coger un barco, además de cambiar el dinero. Cuando llegásemos a nuestro esperado destino lo primero que haríamos sería buscar un hostal, una posada o algo parecido hasta encontrar una casa, también, por supuesto ir a informarnos sobre lo de estudiar. Después de estar otra hora planificándolo volvimos a casa y acordamos comunicar nuestros planes.
Así lo hice:
-Mirad, Andrea y yo ya tenemos  suficiente dinero para empezar.- Dije intentando reprimir mi emoción.
Se hizo el silencio, solo se escuchaba  el sonido de los cubiertos.
-¿Ya lo habéis decidido?-Dijo mi padre.
-Sí.
-Pero… ¿Crees que es buena idea?- Insistió mi madre.
-Sí. ¿Cuántas veces tengo que repetirlo?- Contesté algo molesta.
-Y bien, ¿Qué pensáis hacer?-Preguntó mi padre.
Lo expliqué todo con pelos y señales. Ni mis padres ni mi abuela dijeron nada. Preferí dejarlo estar, ya parecía que se lo tomaban mejor.
Al día siguiente, me desperté pronto, como solía hacer. Me recogí el pelo en una coleta y bajé a desayunar, mis padres no estaban, estarían comprando o algo por el estilo y mi abuela estaría paseando con algún vecino, así que me preparé el desayuno, fregué los platos del fregadero, y me puse a hacer una lista con todo lo que me llevaría para el viaje.
Al cabo de diez minutos oí como la puerta se abría y a mis padres. Bajé para darles los buenos días, y al ver que no traían nada, pregunté:
-¿A dónde habéis ido tan pronto?
-A pasear, hacía una mañana estupenda, así que hemos decidido salir a dar un paseo.-Contestó mi madre.
-Ah vale, ¿Y la abuela?-Pregunté extrañada, se me hacía raro que mi abuela no estuviese con ellos.
-Nos ha dicho que quería ir a la frutería, porque al parecer, se habían acabado las naranjas.- Me contestó mi padre mientras se quitaba las gafas de sol.
Miré a mis padres de arriba abajo, no le di la más mera importancia y volví a lo mío, hasta que mi padre me cortó;
-¿Y tú, qué se supone que haces?-Dijo mientras miraba por encima de mi hombro.
-Pues hasta que me has tapado la luz, escribir.
-Eso ya lo he deducido, ¿Qué escribes?-Me dijo un poco molesto por mi contestación.
-Estoy haciendo un listado de todo lo que voy a necesitar para irme a Liverpool- Dije sonriéndole. Acto seguido se fue al jardín a regar las plantas.
Cuando ya había acabado de hacer mi lista, me fui a buscar a Andrea a su casa, pero para mi sorpresa me la encontré paseando a su perro.
-¡Andrea! Ahora mismo iba a buscarte.-Dije mientras me acercaba a ella.
-¡Qué casualidad!, y dime, ¿para qué me buscabas?- Me preguntó mientras sostenía a su cachorro, para que no se le escapase.
-Supongo que ya le habrás dicho a tu madre que tenemos suficiente dinero, y todo eso…-Antes de que acabara me contestó.
-Por supuesto, supongo que ya lo tiene asumido, y por eso ya no se opone a ello.-
-Bien, pues yo me he hecho una lista con todo lo que voy, o vamos, a necesitar, pero si quieres podemos quedar y la repasamos juntas.-Dije ilusionada.
-¡Genial!- Me contestó eufórica.
Parecía ser, que cada vez estábamos más cerca de conseguir nuestro sueño, y que ya nada podía frenarnos, por ahora.

Photographing Beatles - Capítulo 3-

Cuando llegué a casa los adultos seguían hablando como si no hubiese pasado nada. Mi primo pequeño jugaba con algunos juguetes míos que daba por perdidos pero que encontró y su hermano estaba sentado en el sofá con aire de tristeza. Entré, me despedí tan solo de mis primos, le di dos besos a cada uno y al mayor, además, una palmadita cariñosa en la espalda. Subí a mi cuarto, me quité la coleta y me puse algo cómodo ya que la ropa me comenzaba a ser incómoda, no era la ropa que usaba de habitual. Me sentía incomprendida y a la vez furiosa o quizás también algo frustrada.
Cogí la guitarra, toqué unos acordes, eso me relajaba. Al rato escuché como se despedían, abajo, mis padres y mi abuela de mis tíos; no me avisaron, darían por hecho que no estaba dispuesta a bajar, pero para mi sorpresa alguien llamó a la puerta.
-¿Se puede?-Era mi primo mayor.
-Sí, pasa.- Dije sin quitarle el ojo a la guitarra.
Se sentó a mi lado, en la cama, se quedó mirando al suelo y dijo:
-Vete, si realmente ese es tu sueño, ves, no te dejes coaccionar por nadie, aunque sean tus padres.-Su voz sonaba firme y consoladora.-A mí me encantaría viajar, salir de aquí, ser “libre”.- Prosiguió.
-Me iré-Dije decidida-, les guste o no, yo me voy, ya lo asimilarán.
Me miró y me sonrió.
-Pero tienes que prometerme que podré ir a visitarte y que tú también vendrás por aquí, ¿De acuerdo?.
-Prometido.-Dije firmemente y mirándole fijamente a los ojos.
Nos abrazamos y añadió:
-Bueno me tengo que ir, cuando te vayas no te olvides de despedirte, al menos de mí.
Asentí con la cabeza mientras se levantaba y, al salir, cerró la puerta cuidadosamente.
La despedida se alargó diez minutos más, intenté volver a mis acordes, a mí guitarra…
Me acosté y me quedé mirando a las estrellas hasta conciliar el sueño.
Al día siguiente me desperté, más tarde de lo habitual y bajé enseguida. Mis padres y mi abuela ya casi acababan de desayunar y cuando estuvimos todos en la mesa se creó un silencio incómodo y se respiraba un aire tenso. Tomé un poco de leche con tostadas y al acabar me fui a comprar el pan y algunas cosas más que hacían falta en casa. Me dirigí hacia el mercado, a pie, estaba como a unos veinte minutos, pero esta vez no me importaba el tiempo, con tal de no tener que soportar ese silencio incómodo en mí casa.
Era un mercado bastante completo, con una carnicería, una verdulería, una pescadería, una panadería…
Entré a la panadería y me encontré con Andrea.
-¡Andrea!- No me esperaba que ella estuviese aquí.
-¡Ay Va! Sara- Dijo, muy sorprendida y alegre.
Me acerqué al mostrador y pedí dos barras de pan. Andrea ya había comprado pero se esperó a que acabase de realizar mí compra.
-Aún tengo que ir a la verdulería y a la carnicería, sí, ese lugar dónde cuelgan tripas de cerdo y esos pobres conejos. – Matizó; Andrea detestaba la carne.
-Yo también.-Dije mientras pagaba.
Una vez acabamos las compras, volvimos juntas hacia casa, por el camino nos encontramos a unas amigas nuestras: Inés, Carmen y Verónica.
Inés era un poco más alta que nosotras dos, con el pelo liso, castaño y ojos claros. Era de personalidad muy abierta, era muy sociable y siempre tenía la sonrisa en la cara.
Carmen, tenía el pelo negro, y los ojos muy oscuros, pero lo que más destacaba era su piel pálida y llena de pecas.
Verónica tenía los ojos claros, casi siempre iba maquillada,, ya que su madre se dedicaba a la estética; vestida siempre a la moda y su pelo… su pelo cambiaba con frecuencia y siempre nos reprochaba nuestro aspecto.
Justo antes de cruzarnos, susurré a Andrea
-Se lo decimos ¿No?
-Creo que es lo mejor, al fin y al cabo, son nuestras amigas.-Dijo en el mismo tono.
Cuando nos encontramos , nos dimos dos besos cada una:
-¡Andrea, Sara! ¡Cuánto tiempo!- Dijo Inés con su alegría característica.
-Si, la verdad es que hacía tiempo que no nos veíamos-Respondió Andrea sonriendo.
-¿Qué tal estáis? ¿Cómo va todo?- Preguntó Carmen con una sonrisa forzada.
-Pues muy bien…bueno…quizás no tan bien.-Respondí apenada.
-¿Y eso?-Al fin habló Verónica, en un tono, más bien cotilla que preocupado.
-Pues… Ya sabéis que además de la guitarra nos gusta mucho la fotografía y queremos irnos a Liverpool a estudiar.-Andrea habló firme y decidida.
-Pero… vuestros padres…-Carmen, se quedó en blanco.
-¿Cómo? ¿Habéis dicho Liver…pool?-Preguntó Verónica con su estúpido tono de superioridad.
-Sí, a Liverpool. Nuestros padres no están muy de acuerdo pero no nos importa.-Aclaré de forma un poco contundente, ya que odiaba cuando Verónica se ponía en ese plan… ¡Buff! ¡Era insoportable! Y…¿ Es que tan difícil era la palabra Liverpool para qué nadie la supiese pronunciar?, me preguntaba para mis adentros mientras ella asimilaba lo que le había dicho.
-Bah… Que tontería, ir para estudiar como funciona una cámara de fotos eso es cosa de hombres, ellos nos sacarán guapas en cuantas fotos nos hagan..-Se quejó Verónica.
-No empieces tú también ¿Vale? Y eso de los hombres no tiene nada que ver.-Añadió Andrea, ya que ella era una fuerte defensora de la mujer y de sus derechos, aunque no lo propagaba a los cuatro vientos.
Ya empezábamos con lo mismo, no estaba dispuesta a aguantarlo y supuse que Andrea tampoco. Nos despedimos con un “Adiós” algo seco y proseguimos nuestro camino.
Por el camino empezaba a plantearme si de verdad podríamos, es más, si realmente deberíamos irnos, todo el mundo o casi todo estaba disconforme con aquella idea. ¿Tan horrible y horroroso era querer irse a estudiar fuera?
Llegamos a mi casa y como siempre quedamos para luego. Entré y cada vez que estaba en el mismo lugar que mis padres y mi abuela volvía aquel silencio incómodo y ese aire de tensión, por la ventana que estaba encima del fregadero pude ver como se alejaba Andrea hacia su casa. Guardé la compra y subí un rato a mi cuarto, el único lugar dónde encontraría un poco de tranquilidad. A la hora de comer mi madre preguntó tímidamente:
-¿Aún piensas irte?
-Sí.-Contesté de forma breve pero contundente.
Cada uno volvió con su tema.
-Y… ¿Cuándo pensabas irte?-Dijo mi padre.
-Pues hemos estado ahorrando, aunque nos falta algo de dinero, pero teníamos previsto irnos la tercera semana de septiembre, cuando Andrea ya haya cumplido los dieciocho.
-Nosotros podemos dejarte algo de dinero.-Se ofreció mi abuela.
-No, no aceptaré dinero.- Sabía que necesitaba ese dinero, pero mi orgullo podía más que mi razón.
Acabamos de comer y mientras quitaba la mesa fui reflexionando y me di cuenta que parecía que ya lo iban entendiendo o más o menos se hacían a la idea.
Sólo esperaba que las cosas en casa de Andrea también mejoraran.
Al llegar la tarde, tumbada en mi cama, mirando las nubes pasas por encima de mí, se me pasaron muchas cosas por la cabeza, pero, tal vez, la que más me carcomía era la idea de que mis amigas no me apoyaran, o que no viesen con buenos ojos que quisiera cumplir mi sueño, de ser una fotógrafa. Ellas eran muy simples, querían encontrar un marido adinerado para que las mantuvieran y les consintieran todos sus caprichos, ser una madre de familia y unas perfectas esposas, fieles a sus maridos, cosa que yo, detestaba. La mera idea de estar postrada en casa, fregando, cuidando de los niños, y sin poder respirar aire fresco, me repugnaba, yo quería hacer mi vida, ser libre e independiente, y Andrea quería exactamente lo mismo, es por eso, que nos llevábamos tan bien desde siempre. Pero ahora sólo me quedaba esperar a la noche, para ver si podíamos cumplir nuestro sueño juntas, o, si por el contrario, debía seguir, el camino sola.

martes, 22 de febrero de 2011

Photographing Beatles - Capítulo 2-

Nos quedamos calladas, yo miraba al suelo y Andrea al horizonte esperanzada. Miró su reloj:
-Es la una y media.- Dijo sin apartar la mirada de éste.
-Vaya… ¿Tan tarde ya?-Dije decepcionada, cómo si el tiempo hubiese volado y no nos hubiera dado tiempo ni de sacar las guitarras.
-Sí… creo que será mejor que volvamos a casa, ya es hora de comer.-Le miré y asentí con la cabeza- Por cierto Sara, ¿Esta tarde nos vemos?-Preguntó, cómo siempre hacía después de quedar para dar una vuelta matutina.
-No… Hoy vienen a cenar mis tíos y mis primos y… ya sabes cómo se ponen en casa cuando hay visita.-A parte que tenía que arreglarme el pelo, porque mi madre se negaba a que llevase esa melena  “cómo si fuese yo una chica de esas”, aunque yo no le daba importancia a aquello.
- ¡Ah! Cierto, no me acordaba, vaya memoria.- Y sonrió.
-Pero, después de cenar, si quieres, nos vemos donde siempre.
-Me parece perfecto, allí estaré y no llegues tarde.- Andrea era un poco meticulosa con el tiempo, no le gustaba llegar tarde a ninguna parte, y tampoco que la gente lo hiciera.Cargamos las guitarras, guardé la cámara de fotos y la armónica. Andrea se fue hacia su casa haciendo fotos a los árboles y mariposas que volaban por allí cerca, hasta que se perdió de mi vista debido a la lejanía.
 Cuando llegué a casa, efectivamente, estaban que se subían por las paredes, y eso que aún quedaban unas horas para qué llegasen mis tíos. Subí a mi cuarto, después de intentar saludar, sin éxito, a mis padres, debido al escándalo que ellos solos montaban  y dejé la cámara, la guitarra y mi armónica cuidadosamente en sus respectivos lugares.
-¡Sara, baja a comer!-Exclamó mi abuela.
-¡Sí, ya voy!-Contesté mientras intentaba colocar la cámara en mi estantería junto a la foto de mi abuelo.
Bajé. Mi casa ya era pequeña como para que, además , estuviese llena de trastos allá donde miraras. Nos sentamos en la mesa y empezamos a comer. Había sopa y pescado. Cuando estaba digiriendo una cucharada de esa ardiente sopa mi madre me dijo, mirando a su plato:
-Ya sabes que hoy vienen a cenar los tíos.
-Sí, lo sé, mamá.- Y continué comiendo.
Aún no habíamos acabado de comer y ya estaban pensando en la cena, odiaba esa actitud. Cuando acabamos y al menos me dejaron ir a mi cuarto un rato, a descansar ,  así que subí y me tumbé en la cama, mirando fijamente al techo empecé a reflexionar sobre lo que tenía que hacer y cómo, debía decirlo hoy, en la cena, así habíamos quedado Andrea y yo y no podía fallarle al igual que ella no me fallaría. Cerré los ojos, me olvidé de todo y comencé a imaginarme como sería todo si nos íbamos, pero mi tranquilidad no duró mucho, al rato mi padre ya me estaba  llamando para que bajase a ayudar. La cocina, era un completo desastre, ollas por aquí cacerolas por allá y mi madre y mi abuela no paraban. <<¡Barre la cocina!>>, <<¡Recoge la ropa!>>, <<Arregla el salón>>, <<Vístete>>… Mi cabeza explotaría en cualquier momento y como no sería muy agradable, decidí hacer todo lo más rápido posible. Las horas pasaron volando y cuando miré el reloj eran las ocho menos cuarto y mis tíos estarían al caer. Me vestí y me recogí el pelo, así se notaría menos mi estilo, según mi madre.  Sonó el timbre, ya estaban aquí. Como no, siempre que venían, me recordaban lo alborotado que era mi pelo y bla bla bla… (Sí, aunque lo llevase recogido).
Nos sentamos a cenar, había pavo al horno con verduras y una gran ensalada. Empezamos a comer, los adultos hablaban como si hiciese años que no se veían y además iban muy arreglados, como si fuese una boda o vete tú a saber qué. Decidí comentarlo cuanto antes:
-Emm…-Dije intentando no cortar bruscamente su “interesante” conversación y que todos acaparasen su atención en mí, aunque sólo fuese por unos minutos.- Tengo que deciros algo-Dije algo nerviosa.
-Tú dirás, Sara, pero acaba rápido que estábamos hablando de cosas importantes.- Cómo imaginaba; Dijo mi padre.
-Ya sabéis que además de la guitarra y todo eso.- Intenté encaminar la conversación- me gusta mucho hacer fotos como Andrea y hemos estado pensándolo mucho, y hemos decidido irnos a estudiar a Liverpool.
 Hubo un silencio, que se me hizo eterno, de momento todos, excepto mi primo mayor, soltaron una carcajada.
- ¿A Liver… qué?- Dijo mi madre, entre  risas.
-Liverpool.-Aclaré muy seria, no me hacía gracia que se burlaran de lo que hacía, y menos de esto.
-Debe ser un chiste muy bueno- Dijo mi tío.
-No, no es ningún chiste, pienso irme.- Dije desintegrándolo con la mirada.
-A mí me parece una buena idea, así conoces mundo, además dicen que Liverpool está muy bien, yo estoy contigo- Me apoyó mi primo mayor, que recibió una mirada fulminante por parte de mis padres y los suyos que callaron inmediatamente su risa cínica.
-No, no, no. Tú no te vas a ningún sitio, jovencita.-Dijeron mis padres casi a coro.
-¿Por qué no? Ya soy bastante mayor para decidir lo que más me conviene y lo que realmente quiero.
-¿Mayor? Pero si aún eres una muchachita, no hay más que mirarte, bueno miraros ,¿qué pensarán de vosotras con esas pintas?-Sí, se refería a nuestros peinado; Mi tía y su obsesión con ir “a la moda”.
Cerré los ojos y tuve que morderme la lengua, estar allí se me hacía insoportable.
-En un mes si llega cumpliré los dieciocho y Andrea en septiembre, ya seremos autosuficientes y podremos marcharnos dónde queramos.- Dije un poco irritada por sus comentarios y su falta de apoyo.
-¡De eso nada, tú te quedas aquí!- Gritó mi padre, señalándome e incluso levantándose de su silla.
No aguanté más, esa incomprensión y esa actitud, así que me fui, cerré la puerta de un portazo y me marché a la manzana más próxima. En un banco estaba sentada  Andrea y no parecía muy contenta. Tenía los ojos llorosos y los cerraba fuerte, como si no quisiese que le cayese ninguna lágrima más. Me senté a su lado.
-¿No ha ido bien verdad?- Pregunté con un tono empático y relajado.
-No… Cuando se lo he dicho a mi madre se lo ha tomado a broma y cuando ha visto que hablaba en serio se ha enfadado y ahora seguro que está llamando a media familia para contárselo y reírse de mí.-Dijo apenada y furiosa.- ¿y en tu casa, cómo ha ido?
-¿En mi casa?, igual.
No mediamos ni una palabra más, estuvimos contemplando, a la penumbra ,las estrellas  que brillaban en el cielo y el silencio del parque en que sólo se oía la frustración de unas chicas retenidas y alejadas de su sueño.

domingo, 20 de febrero de 2011

Photographing Beatles -Capítulo 1-

Amaneció un día claro, sin nubes en el cielo y con un Sol que brillaba muchísimo. Se escuchaba a los pájaros cantar, eran las siete de la mañana. Me desperté, por fin había llegado el verano y por fin podría dedicarme a las cosas que más me gustaban. Me encontraba en mi cuarto, no muy grande, situado en el ático. Tenía una ventana en el techo desde donde se podían observar las estrellas, un escritorio algo viejo, con su silla, y en el la cámara de mi abuelo, bastante antigua, con la que muchas veces me entretenía fotografiando todo aquello que veía. Una estantería llena de libros y en una esquina mi querida guitarra junto a una pequeña cajita, donde estaba mi armónica.
Decidí levantarme de la cama para vestirme y arreglarme, en casa vivíamos mis padres, mi abuela y yo. Ellos aún dormían.
Fui al baño a peinar mi melena castaña y alborotada. Familiares y amigos siempre estaban con el cuento de que me cortase el pelo, ya que esa melena desentonaba con la del resto de chicas, pero a mi me gustaba tal y como estaba.
Bajé a la cocina, calenté un poco de leche y desayuné. Como al fin no tenía nada que hacer, podría ver a Andrea y pasar el día hablando, tocando y haciendo fotos con ella.
Andrea vivía dos manzanas más arriba, así que cogí la guitarra y la cámara de fotos, mis padres imaginarían que había ido a verla, así que, no les desperté.
Por el camino habían varios árboles, banquitos y varias casas. Llegué a casa de Andrea, allí eran madrugadores y ya estaban despiertos. Toqué a la puerta, abrió su madre y me dijo que estaba en su cuarto. Aquella casa se parecía a la mía, comedor y cocina abajo, dos o tres habitaciones no muy grandes en la segunda planta y en la última un ático. Andrea estaba peinándose el pelo, que, también desentonaba algo, el suyo era algo más liso, las dos teníamos flequillo, mis ojos eran marrones y los suyos verdes.
- ¡Hola! Enseguida acabo.- Dijo mirándose en su enorme espejo y dirijiéndome la mirada desde el mismo.
- Vale, perfecto. He pensado que podríamos ir a dar una vuelta.-Lo hacíamos casi a diario, así que me esperaba su respuesta.
- Mmm, sí. ¡Claro! Me parece bien.-Con una sonrisa en la cara, le dije a la vez que suspiraba, por llevar a encima mi guitarra, la armónica y algunas notas- ¡Genial!.
A los pocos minutos acabó de arreglarse y nos fuimos a dar una vuelta. Nos sentamos en un banco y tocamos algunos acordes, cantamos e hicimos fotos a las flores.
- Emm... ¿Ya le has dicho algo a tu madre sobre lo de fotografía?- Pregunté.
- No... No creo que se lo tome demasiado bien... - Dijo con una voz cansada-¿Tu has dicho algo en casa?- Dijo algo esperanzada.
- No, tampoco he dicho nada, ya sabes como son.
Las dos estábamos algo incomprendidas, debido a que no teníamos  las mismas aficiones y proyecciones de futuro, que el resto de chicas.
- Sí... Creo que lo mejor es que se lo digamos esta tarde -Dijo Andrea, como si de momento toda la seguridad se volcase en ella.
- Vale, ¡de hoy no pasa!.
Y las dos, tomamos aire, cerramos los ojos y nos dijimos, para nosotras mismas, que podíamos y debíamos hacerlo.