sábado, 19 de marzo de 2011

Photographing Beatles - Capítulo 9 -

Inmediatamente volvimos a concentrarnos en nuestros refrescos de cola. Estábamos avergonzadas y a penas volvimos a mirar hacia allí, en todo caso de reojo.
Al poco rato, aquellos cuatro chicos, empezaron a recoger y cuando pasaron por nuestro lado, el chico de pelo oscuro y ojos verdes se “despidió” con una sonrisa pícara, como no Andrea y yo volvimos a ponernos como dos tomates, en seguida pagamos y nos fuimos hacía el hostal.
No tardamos mucho en cenar y acostarnos, al día siguiente tendríamos que levantarnos pronto para comenzar a instalarnos en nuestra nueva casa.
Y así lo hicimos, al levantarnos y después de desayunar, recogimos nuestro equipaje, bajamos y le dimos el dinero a la gerente. Andrea descolgó el teléfono y llamó a un taxi, este acudió en seguida. Tardamos veinte minutos en llegar a nuestro nuevo hogar.
Tenía un pequeño jardín en la parte de adelante y por dentro, no era muy grande, pero nos servía. Abajo había un pequeño salón comunicado por una barra americana, como las de los bares, a la cocina. En la parte superior, una habitación, con dos camas, un baño y un pequeño estudio, que nos serviría, más tarde, de sala de música. Algunas habitaciones estaban amuebladas.
No tardamos mucho en descargar todo el equipaje, aquí, al menos, teníamos unos armarios decentes. Luego compramos algo de comida y nos sentamos un rato en el salón.
-Tendremos que pensar en algo para conseguir dinero, no nos va a durar siempre.-Dijo Andrea.
-Ya… Ya lo sé, además, tengo que conseguir una cámara nueva.
-He pensado que podemos buscar un trabajillo.-Me dijo Andrea, intentando aportar una solución.
-Sí, podríamos trabajar a tiempo parcial.-Dije pensativa.
Al día siguiente decidí  poner en marcha “el plan” de Andrea. Ésta se fue a buscar algo por los bares o clubes de la zona, mientras yo, colgaba en los postes, carteles que decían “Compro cámara, si está interesado/a, acuda a esta dirección: Stanley Street nº5. URGENTE”. Estaba, colgando el último cartel, cuando Andrea vino corriendo y gritando:
-¡SARA! ¡HE ENCONTRADO TRABAJO!
-¡Guau! Eso es genial…-Antes de que pudiera acabar me interrumpió muy entusiasmada;
-¿A qué no sabes dónde?
-N..no, dime.
-¡En THE CAVERN! Trabajaremos de camareras, en horario de tarde noche.-Dijo abrazándome.
Era tal la emoción que teníamos que empezamos a saltar en la calle, la gente que pasaba nos miraba extrañada.
Por la tarde, nos quedamos en el jardín de casa, para ver si alguien quería venderme una cámara. Al cabo de un rato, apareció un chico joven, de estatura baja, que se dirigía hacia nosotras. Yo no le di importancia, pero Andrea, me susurró:
-Sara, creo que ese chico viene por lo de la cámara.-
Acto seguido me levanté de la silla, él ya había entrado a nuestro jardín, le tendí la mano:
-Hola vengo por el anuncio de la cámara.- Me dijo muy amablemente, mientras me daba la mano.
-¡Hola! Soy Sara, gracias por venir, pensaba que no vendría nadie.- Le contesté con una sonrisa.
-¡AH! Perdona por no presentarme , soy Richard, Richard Starkey. Te he traído esta cámara, que tenía por casa y no usaba, espero que te sirva.-Y me dejó la cámara entre las manos.
Mientras yo cotilleaba la cámara y la probaba, un par de veces, aquel chico tan agradable, se dirigió a Andrea:
-Hola a ti también.-Y le tendió la mano.
-Hola, yo soy Andrea, su compañera de piso y amiga.
Sin darme cuenta de que estaban hablando exclamé:
-¡ES PERFECTA!,¡JUSTO LO QUE ESTABA BUSCANDO!
-Jaja, me alegro, pues entonces, ¿fijamos el precio?
-Por supuesto.- Le dije con una sonrisa de oreja a oreja.
-Por ser tú, te la dejaré a buen precio, unas 200 libras.
- Claro, voy a buscar el dinero.- Y me marché, veloz, al interior de la casa. Mientras Andrea y ese chico se quedaban fuera, “cuidándome” mi futura cámara.
-Tu amiga no es de aquí, ¿Verdad?- Le dijo a Andrea en un intento de romper ese silencio incómodo.
-No, no somos de aquí, venimos de España, llevamos unos días y estamos intentando integrarnos lo más rápido posible…
-¡YA ESTOY AQUÍ! Espero no haber tardado mucho...
-No, que va.- Me dijo Richard riendo.
-Aquí tienes, tus 200 libras, muchas gracias por haber venido.
-Gracias a ti.- Me dijo mientras se guardaba el dinero.
-Adiós y gracias, otra vez.- Se despidió Andrea.
Cuando estaba con mi cámara entre las manos, Andrea sin apartar la mirada del chico, mientras éste se alejaba, me dijo:
-¡Sara!, ¿Has visto que ojos azules tan preciosos?
-¿Qué? Ni me había fijado…
-Claro estabas tan interesada en tu cámara.- Me dijo con una mirada fulminante.-Por cierto, mañana empezamos a trabajar, ¡ah! y tenemos que llevar uniforme y el pelo recogido.
-Oh vaya…genial, uniforme…-Le dije sin mucho entusiasmo.
-Ya lo sé, pero necesitamos ese dinero, será un sacrificio que haremos, pero valdrá la pena.
Después de aquello, entramos a nuestra nueva casa, y nos dispusimos a prepararnos la cena.

martes, 15 de marzo de 2011

Photographing Beatles - Capítulo 8 -

Nos despertamos temprano, queríamos encontrar una casa cuanto antes e ir a la universidad y a ser posible tener un tiempo de descanso.
Lo primero que hicimos fue bajar a desayunar, desayunamos en menos que canta un gallo y fuimos a coger el autobús. Tardamos media hora en llegar (sin contar los simpáticos semáforos que siempre pillábamos en rojo). No nos hizo falta preguntar, estaba indicado además de que el edificio no pasaba desapercibido. Era grande pero no muy alto, entramos y preguntamos sobre las plazas. Nos hicieron esperar hasta que el supuesto profesor saliese para hablar con nosotras, llevábamos las cámaras con nosotras y la espera se hizo eterna y pesada, hasta que, apareció un hombre.
-Hola, venga pasad.- Nos dijo mientras nos indicaba con la mano que entrásemos a su despacho.
Pasamos era pequeño, con dos estanterías y una mesa llena de papeles y con dos cámaras.
-Perdonad el desastre…
Nos sentamos y comenzó a informarnos.
-Bien… Empecemos. Vosotras queréis estudiar fotografía aquí ¿Es eso no?
Andrea, me miró y discretamente asintió con la cabeza para que yo contestase:
-Sí-Dije haciéndole caso.
-Pues habéis tenido suerte, tenemos plazas, así que no tenéis que preocuparos por nada, luego os daré los horarios para que vayáis planificándoos, también algún que otro libro y por supuesto debéis tener una cámara. Enseñádmelas.
Sacamos las cámaras, primero vio la de Andrea.
-Mmm, sí, no está nada mal para empezar, te servirá- Y cuando se dirigió a ver la mía…- Los siento pero… la tuya es demasiado antigua, con esta ya no se pueden aplicar algunas técnicas por lo que tendrás que comprarte otra.
¿Qué? La cámara a la que tanto cariño le tenía no me servía, genial, empezábamos bien. Además tendría que comprarme una nueva y Andrea y yo no estábamos para gastar mucho dinero. Me ofreció un catálogo y me aconsejó que le echara un vistazo.
-Aún faltan dos semanas más o menos para que empiece el curso, si no recuerdo mal, de todas formas está en los horarios, así que tendréis tiempo de leer los libros y, en tu caso de conseguir una cámara nueva.
-Vale-Contestó Andrea.
Nos despedimos y yo salí ojeando aquel catalogo que, solo con haber visto dos páginas cerré de inmediato, los precios eran inalcanzables así que me olvidé de ello.
-Bueno no te preocupes, seguro que se nos ocurre algo.-Añadió Andrea.
Esperando el autobús, nos dimos cuenta que en la pared, había un papel que anunciaba “Vendo casa en Stanley Street. Un baño, una cocina, un pequeño salón y dos habitaciones, además de un pequeño jardín. Precio: 680 libras” Me dio la impresión de que era la casa perfecta, como dijo el taxista allí había otra parada que se dirigía a la universidad, no lo pensamos dos veces y cogimos el papel, en cuanto llegamos al hostal llamamos por teléfono al propietario y le comunicamos que nos interesaba, nos dijo que perfecto, que cuando quisiésemos que fuésemos a verla.
Después de comer, subimos a la habitación, donde nos dedicamos un rato a descansar y a revisar los libros. Luego nos dirigimos a la casa.
Llegamos a un acuerdo y nos dijo que mañana mismo podríamos instalarnos y nos dio las llaves. Una cosa menos, ahora solo quedaba instalarnos y poco más.
Esa tarde decidimos ir a “The Cavern” porque habíamos oído hablar mucho y muy bien de ese lugar. Nos arreglamos lo mejor que pudimos e incluso nos pusimos un poco de maquillaje para no desentonar demasiado, acto seguido emprendimos el camino hacía el club. Llegamos, para acceder a aquel lugar había que bajar algunas escaleras, había algunas mesas y un pequeño escenario, donde a veces algunos grupillos tocaban. Nos sentamos y pedimos algo de beber, esta vez solo había una pareja muy entretenida echándose miraditas y cuatro chicos jovencillos. Uno tenía los ojos pequeños, marrones y no paraba de reírse; otro de ellos tenía también los ojos marrones y parecía el más joven, estaba más concentrado en la guitarra que en su compañero; otro tenía el tupé más grande que el resto y como estaba sentado y no se le veía mucho dedujimos que sus ojos era oscuros; el último tenía los ojos grandes y verdes y era el que más llamaba la atención a primera vista. Los cuatro iban vestidos con cuero y Andrea y yo nos quedamos embobadas mirando al de los ojos verdes hasta que este, se percató de que estábamos mirándole y nos devolvió la mirada sonriendo, acto seguido la apartamos repentinamente y se nos salieron un poco los colores.

Photographing Beatles - Capítulo 7 -

Bajamos del avión y lo primero que hicimos fue dirigirnos a recoger nuestras maletas, o mejor dicho nuestros maletones y, también, bolsas que habían añadido nuestros padres. Tardaron un poco en salir y una vez que descubrimos como cargar con toda aquella barbaridad de artilugios, salimos fuera del aeropuerto y ,como aquello de que ya teníamos pensado un hostal donde alojarnos los primeros días era una simple excusa para no empeorar las cosas, decidimos esperar a que pasara un taxi.
-Buenos días ¿A dónde les llevo?- Nos preguntó el taxista, a lo que, a duras penas, entendí, y a lo que Andrea , contestó:
-Antes… ¿Podría abrir el maletero?... Vamos un poco cargadas.-Andrea, sabía, es más, entendía perfectamente, dentro de lo que cabe, el inglés, ya que, sus abuelos, de parte de madre emigraron hacia Inglaterra por causas políticas de las que ella, nunca comentaba, ni si quera, a mí, con lo cual, ella siempre había hablado con sus abuelos en inglés.
-¡Madre mía! Sí, sí claro. Vaya cuantas maletas lleváis.-Se sorprendió el taxista.- No sois de aquí ¿Verdad?- Nos preguntó, mirándome fijamente.
-¿Qué ha dicho?-Le dije a Andrea mientras colocábamos las maletas.
-Nos ha preguntado si somos de aquí, contéstale tú, a ver cómo te desenvuelves- Me contestó mientras me guiñaba el ojo con complicidad.
-Hmm No…-Le dije, mientras cerraba el capó con fuerza.
-Acabamos de llegar desde España, y lo hemos hecho por qué queríamos estudiar aquí- Me cortó, Andrea, y menos mal, porque se me acababa el repertorio de muecas absurdas.
-Anda, pues eso está muy bien-Dijo el taxista mientras entrabamos.-Ahora sí, ¿A dónde les llevo?
Andrea y yo nos quedamos mirándonos, no teníamos ni idea a donde podíamos ir.
-Buscamos un hostal o algo por el estilo, barato, para poder estar unos días hasta que encontremos una casa.-Concretó Andrea.
-Mmm… Vale, ya sé a dónde os llevaré, es barato, no es nada del otro mundo pero os servirá.
Mientras tanto, en el coche, nos dedicábamos a observar aquella nueva ciudad, no se parecía para nada a todo lo que habíamos visto en España, era más moderna .Los edificios eran enormes y preciosos y las calles algo estrechas, también habían casas pegadas unas a otras con un pequeño jardín, eso sí, no eran todas iguales, cada una tenía un color y estructura, algunas pequeñas, otras grandes…
-Bien, ya hemos llegado-
-Gracias-Respondimos Andrea y yo.
El taxista salió con nosotras a ayudarnos a descargar y entonces se me ocurrió que Andrea y yo solo habíamos oído hablar de la “University of Liverpool”, pero no sabíamos nada más.
-Una cosa más, ¿Usted sabe donde se encuentra la “University of Liverpool” ?- Preguntó Andrea.
-Ah! Sí claro. A ver, a ver… lo mejor sería que cogieseis el autobús que justo para en la acera de en frente o el que está en Stanley Street, la parte que se cruza con Mathew Street.
-Gracias otra vez-Dijo Andrea sonriendo.
-¿Sabéis una cosa? No os voy a cobrar el taxi…
-¿El qué?- Pregunté mirando a Andrea, pensando que ocurría algo malo.
-Dice que no nos quiere cobrare taxi…-Me contestó sin apartarla mirada de él.
Se me dibujó una sonrisa de oreja a oreja, me dirigí a el taxista, que después descubría que se llamaba Frank, le agarré fuertemente la mano y le agradecí mil y una vez que no nos lo cobrara, por su cara, deduje que no tenía ni pajolera idea de lo que le estaba diciendo, pero en ese momento, me daba exactamente igual lo que pensara la gente de mí, estaba entusiasmada y feliz.
Volvimos a cargar con todas las maletas y nos dirigimos al hostal, como había dicho el taxista no era gran cosa, parecía tener ya unos añitos y estaba algo descuidado .
Al entrar en la recepción, había un mostrador donde una mujer atendía unas llamadas, y un pequeño y desgastado sofá.
-Hola, ¿En qué puedo ayudaros?- Nos atendió con una mirada simpática.
-Queríamos una habitación para dos.-Dijo Andrea.
-¿Cuántos días estaréis?- Nos preguntó mientras anotaba algo en una hoja de papel.
-No lo sabemos…-Volvió a responder.
-Vale, pues son 20 libras al día, vuestra habitación es la 15.-Dijo mientras nos daba las llaves.
Subimos, como pudimos, por las escaleras hasta llegar a la habitación, por un estrecho pasillo. Andrea tenía las llaves y con algunas dificultades consiguió abrir, pues iba cargada de trastos y para colmo la cerradura no se cayó de milagro.
Era una habitación pequeña, con dos camas, dos mesitas de noche y un baño que apenas tenía una ducha, un lavabo y un váter. También había un armario en el que guardamos, a presión, algo de ropa. Entre tanto se hicieron las ocho de la mañana y era domingo, como no era plan de ir a la universidad, y estaría, lo más seguro, cerrada pensamos en buscar alguna casa. Antes llamamos a nuestros padres.
Bajamos a la recepción a por un periódico de los que había y comenzamos a mirar algunas de las pocas ofertas que aparecían, además aproveché para familiarizarme con el idioma.
-Mmm, mira este, dice que el alquiler cuesta unas 800 al mes, aunque es algo caro.-Dijo Andrea desilusionándose.
-Y tan caro, con esa casa no duramos ni dos meses.
Después de estar un rato mirando el periódico, sin éxito, las casas que se ofrecían eran demasiado caras para el dinero que disponíamos, fuimos a dar un pequeño paseo cámara en mano.
Fuimos andando y andando por diferentes calles, observando una vez más, todo lo distinto que era aquello, bueno, todo, todo no, las mujeres seguían llevando el pelo perfecto y cardado y los chicos un tupé. Pasamos por delante de un club llamado The Cavern, al parecer famoso, pero no le dimos ninguna importancia y continuamos con el paseo.
-¿Te has dado cuenta de lo diferente que es todo?-Pregunté a Andrea.
-Sí, la verdad es que sí. No me lo imaginaba así.-Contestó mientras hacía una foto.
-Vaya, fíjate, es hora de comer.
-Cierto… Como es el primer día ¿Por qué no vamos a comer por ahí?
-¡Vale! Un día es un día.
Exacto, nos fuimos a comer a algún restaurante de poca monta, pero, nos encontrábamos ante otra misión imposible: encontrar uno. Estuvimos dando vueltas por la ciudad hasta que lo encontramos, entramos y nos sentamos. No era ideal pero se podía estar. Al entregarnos la carta Andrea y yo nos quedamos un poco paradas, no sabíamos que era cada cosa así que nos aventuramos a pedir lo que mejor sonaba. A Andrea le sirvieron una ensalada César con pollo, que posteriormente se dejó y a mí una sopa. Para postre pedimos algo sencillo, que no podía fallar, helado, y nos quedamos un rato charlando. Luego pagamos y nos fuimos a hacer fotos. Estuvimos toda la tarde paseando por allí y al volver, pasamos otra vez por aquel club “The Caver”, que se iba llenando de gente.
Una vez en el hostal decidimos cenar allí mismo, estábamos cansadas y no nos apetecía pasearnos más, mañana ya lo volveríamos a hacer

lunes, 14 de marzo de 2011

Photographing Beatles - Capítulo 6-

La llegada a Madrid se me hizo interminable. Nos dio tiempo a parar, pude dormir un rato en el coche e incluso me dio tiempo a entretenerme intentando hacer fotos desde el coche a los paisajes, lo cual fue me fue imposible.
Las horas y minutos se hacían interminables y tenía unas ganas infinitas de llegar, además hubo un cambio de planes. Al fin no cogeríamos un tren y luego un barco, nos iríamos en avión directamente; haciendo cuentas comprobamos que saldría quizás algo más caro pero llegaríamos mucho antes y podríamos instalarnos enseguida.
Llegamos a Madrid a la hora de comer, aparcamos cerca de un bar y nos reunimos. Andrea y yo comíamos como si nos fuese la vida en ello, creo que ni siquiera teníamos hambre, pero queríamos ir cuando antes al aeropuerto. Estaba nerviosa, muy nerviosa, el avión salía a las seis y aún eran las tres y media de la tarde. Como aún quedaban dos horas y media más o menos, nuestros familiares se quedaron charlando y Andrea y yo decidimos escaparnos un rato a hacer fotos, eso sí, mis tíos no dejaron moverse a sus hijos.
Paseamos por la ciudad mientras hablábamos y por milésima vez volvimos a imaginar todas aquellas cosas y “aventurillas”, que nos esperaban.
-Emm… Sara, no es por nada pero… ¡Falta media hora para que salga el avión!- Exclamó Andrea de sopetón.
-Jajaja, Andrea, tú y tus bromas.- Dije sin hacer caso de sus palabras.
-¡Sara! ¿Me ves con cara de estar bromeando?-Me contestó Andrea estampándome el reloj en la cara.
-¿¡QUEE!? ¡CORRE!- Grité al mirar la hora y ver que ella estaba en lo cierto.
Andrea y yo nos pusimos a correr como dos locas por la ciudad, nuestros familiares seguramente no se habrían dado cuenta, pues estaban interesadísimos en sus charlas.
-Por el amor de dios ¡CORRED!-Dijo Andrea exhausta.
-¿Pero qué pasa?-Respondió su madre.
Al momento entré yo, corriendo.
-¡MEDIA HORA! ¡SOLO MEDIA HORA!
-¿Qué demonios estáis diciendo chicas?-Preguntó mi padre.
-¡EL AVIÓN!-Respondimos a coro.
Entonces ,se percataron de que si no salíamos en breves momentos corriendo hacia el coche, una de dos, o Andrea y yo nos íbamos corriendo o nos daba algo.
Pagaron la cuenta increíblemente rápido con ese conocido “¡Quédese con el cambio!”
Subimos a nuestros respectivos coches, los arrancamos y nos dirigimos al aeropuerto, tardamos poco, cinco o siete minutos, si llega.
Una vez allí, compramos los billetes y esperamos unos instantes antes de que saliese el avión. Los adultos no paraban de repetir “Tened cuidado”, “Llamad en cuanto podáis”, “Abrigaos bien, allí no hace tanto sol” (Sí, se creían que aquello era como Siberia o algo por el estilo.), “Si necesitáis dinero no dudéis en llamar.”, “¿Seguro que lo lleváis todo?”… y un montón de frases más que suelen decir los padres desconfiados y preocupados.
-Espero que lo pases muy bien y que aprendas muchas cosas-Dijo mi primo mayor con una gran sonrisa.
-Gracias, de verdad -Contesté mientras le abrazaba.
-Lo mismo te digo Andrea, pásalo bien.-
-Gracias-Dijo mientras se daban dos besos.
-¿Vendrás pronto?- Dijo mi primo pequeño.
-Jaja, ¿Aún no me he ido y ya quieres que vuelva? Ya te vale renacuajo-Dije mientras le acariciaba el pelo.
-Entonces… ¡Déjame tus juguetes! Así me acordaré de ti.- Me dijo mientras me abarazaba fuertemente.
-Claro que sí-Dije entre risas.
Después de que nuestros padres nos dieran incontables abrazos, besos y consejos “de supervivencia”, al fin llegó el avión y Andrea y yo, dos chicas de apenas dieciocho años embarcábamos para volar a aquella ciudad… Liverpool.
Subimos más que emocionadas, buscamos nuestros asientos y Andrea se sentó en la ventana, pues así lo prefería.
Llegaríamos aproximadamente en 12 horas, es decir a las 6 de la mañana.
Al rato la azafata comenzó a pasearse por el avión, ofrecía bebida y algo de comer. Andrea y yo nos compramos dos botellitas de agua y un paquete de cacahuetes para comer algo en un rato.
Sin darme cuenta me quedé dormida, Andrea seguramente también y al cabo de un tiempo me despertó ella misma.
-Sara, Sara… Despierta, el avión va a aterrizar en nada. – Me decía mientras me balanceaba.
-Mmm… ¿Ya? Vaya, que rápido se ha pasado.- Le contesté, aún adormilada y frotándome los ojos.
-Sí la verdad es que sí, pero mejor ¿No?- Su tono era alegre y muy animador.
-Sí por supuesto-Contesté emocionada.
Efectivamente, después de decirme esto, empezaron a anunciar que pronto aterrizaríamos, que nos abrochásemos los cinturones y todo eso.
Ni me enteré del aterrizaje, estaba demasiado ansiosa por bajarme ya y conocer Liverpool, así lo deseé y así fue. Cuando anunciaron que podíamos quitarnos los cinturones e ir bajando, cogí todos nuestros trastos del avión y agarré del brazo a Andrea, no aguantaba ni un minuto más allí y nos quedaba mucha ciudad por conocer, pero ahora no era tiempo de eso, ahora teníamos que encontrar un lugar dónde poder descansar, aunque sólo fuese un par de horas.