Inmediatamente volvimos a concentrarnos en nuestros refrescos de cola. Estábamos avergonzadas y a penas volvimos a mirar hacia allí, en todo caso de reojo.
Al poco rato, aquellos cuatro chicos, empezaron a recoger y cuando pasaron por nuestro lado, el chico de pelo oscuro y ojos verdes se “despidió” con una sonrisa pícara, como no Andrea y yo volvimos a ponernos como dos tomates, en seguida pagamos y nos fuimos hacía el hostal.
No tardamos mucho en cenar y acostarnos, al día siguiente tendríamos que levantarnos pronto para comenzar a instalarnos en nuestra nueva casa.
Y así lo hicimos, al levantarnos y después de desayunar, recogimos nuestro equipaje, bajamos y le dimos el dinero a la gerente. Andrea descolgó el teléfono y llamó a un taxi, este acudió en seguida. Tardamos veinte minutos en llegar a nuestro nuevo hogar.
Tenía un pequeño jardín en la parte de adelante y por dentro, no era muy grande, pero nos servía. Abajo había un pequeño salón comunicado por una barra americana, como las de los bares, a la cocina. En la parte superior, una habitación, con dos camas, un baño y un pequeño estudio, que nos serviría, más tarde, de sala de música. Algunas habitaciones estaban amuebladas.
No tardamos mucho en descargar todo el equipaje, aquí, al menos, teníamos unos armarios decentes. Luego compramos algo de comida y nos sentamos un rato en el salón.
-Tendremos que pensar en algo para conseguir dinero, no nos va a durar siempre.-Dijo Andrea.
-Ya… Ya lo sé, además, tengo que conseguir una cámara nueva.
-He pensado que podemos buscar un trabajillo.-Me dijo Andrea, intentando aportar una solución.
-Sí, podríamos trabajar a tiempo parcial.-Dije pensativa.
Al día siguiente decidí poner en marcha “el plan” de Andrea. Ésta se fue a buscar algo por los bares o clubes de la zona, mientras yo, colgaba en los postes, carteles que decían “Compro cámara, si está interesado/a, acuda a esta dirección: Stanley Street nº5. URGENTE”. Estaba, colgando el último cartel, cuando Andrea vino corriendo y gritando:
-¡SARA! ¡HE ENCONTRADO TRABAJO!
-¡Guau! Eso es genial…-Antes de que pudiera acabar me interrumpió muy entusiasmada;
-¿A qué no sabes dónde?
-N..no, dime.
-¡En THE CAVERN! Trabajaremos de camareras, en horario de tarde noche.-Dijo abrazándome.
Era tal la emoción que teníamos que empezamos a saltar en la calle, la gente que pasaba nos miraba extrañada.
Por la tarde, nos quedamos en el jardín de casa, para ver si alguien quería venderme una cámara. Al cabo de un rato, apareció un chico joven, de estatura baja, que se dirigía hacia nosotras. Yo no le di importancia, pero Andrea, me susurró:
-Sara, creo que ese chico viene por lo de la cámara.-
Acto seguido me levanté de la silla, él ya había entrado a nuestro jardín, le tendí la mano:
-Hola vengo por el anuncio de la cámara.- Me dijo muy amablemente, mientras me daba la mano.
-¡Hola! Soy Sara, gracias por venir, pensaba que no vendría nadie.- Le contesté con una sonrisa.
-¡AH! Perdona por no presentarme , soy Richard, Richard Starkey. Te he traído esta cámara, que tenía por casa y no usaba, espero que te sirva.-Y me dejó la cámara entre las manos.
Mientras yo cotilleaba la cámara y la probaba, un par de veces, aquel chico tan agradable, se dirigió a Andrea:
-Hola a ti también.-Y le tendió la mano.
-Hola, yo soy Andrea, su compañera de piso y amiga.
Sin darme cuenta de que estaban hablando exclamé:
-¡ES PERFECTA!,¡JUSTO LO QUE ESTABA BUSCANDO!
-Jaja, me alegro, pues entonces, ¿fijamos el precio?
-Por supuesto.- Le dije con una sonrisa de oreja a oreja.
-Por ser tú, te la dejaré a buen precio, unas 200 libras.
- Claro, voy a buscar el dinero.- Y me marché, veloz, al interior de la casa. Mientras Andrea y ese chico se quedaban fuera, “cuidándome” mi futura cámara.
-Tu amiga no es de aquí, ¿Verdad?- Le dijo a Andrea en un intento de romper ese silencio incómodo.
-No, no somos de aquí, venimos de España, llevamos unos días y estamos intentando integrarnos lo más rápido posible…
-¡YA ESTOY AQUÍ! Espero no haber tardado mucho...
-No, que va.- Me dijo Richard riendo.
-Aquí tienes, tus 200 libras, muchas gracias por haber venido.
-Gracias a ti.- Me dijo mientras se guardaba el dinero.
-Adiós y gracias, otra vez.- Se despidió Andrea.
Cuando estaba con mi cámara entre las manos, Andrea sin apartar la mirada del chico, mientras éste se alejaba, me dijo:
-¡Sara!, ¿Has visto que ojos azules tan preciosos?
-¿Qué? Ni me había fijado…
-Claro estabas tan interesada en tu cámara.- Me dijo con una mirada fulminante.-Por cierto, mañana empezamos a trabajar, ¡ah! y tenemos que llevar uniforme y el pelo recogido.
-Oh vaya…genial, uniforme…-Le dije sin mucho entusiasmo.
-Ya lo sé, pero necesitamos ese dinero, será un sacrificio que haremos, pero valdrá la pena.
Después de aquello, entramos a nuestra nueva casa, y nos dispusimos a prepararnos la cena.
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