Bajamos del avión y lo primero que hicimos fue dirigirnos a recoger nuestras maletas, o mejor dicho nuestros maletones y, también, bolsas que habían añadido nuestros padres. Tardaron un poco en salir y una vez que descubrimos como cargar con toda aquella barbaridad de artilugios, salimos fuera del aeropuerto y ,como aquello de que ya teníamos pensado un hostal donde alojarnos los primeros días era una simple excusa para no empeorar las cosas, decidimos esperar a que pasara un taxi.
-Buenos días ¿A dónde les llevo?- Nos preguntó el taxista, a lo que, a duras penas, entendí, y a lo que Andrea , contestó:
-Antes… ¿Podría abrir el maletero?... Vamos un poco cargadas.-Andrea, sabía, es más, entendía perfectamente, dentro de lo que cabe, el inglés, ya que, sus abuelos, de parte de madre emigraron hacia Inglaterra por causas políticas de las que ella, nunca comentaba, ni si quera, a mí, con lo cual, ella siempre había hablado con sus abuelos en inglés.
-¡Madre mía! Sí, sí claro. Vaya cuantas maletas lleváis.-Se sorprendió el taxista.- No sois de aquí ¿Verdad?- Nos preguntó, mirándome fijamente.
-¿Qué ha dicho?-Le dije a Andrea mientras colocábamos las maletas.
-Nos ha preguntado si somos de aquí, contéstale tú, a ver cómo te desenvuelves- Me contestó mientras me guiñaba el ojo con complicidad.
-Hmm No…-Le dije, mientras cerraba el capó con fuerza.
-Acabamos de llegar desde España, y lo hemos hecho por qué queríamos estudiar aquí- Me cortó, Andrea, y menos mal, porque se me acababa el repertorio de muecas absurdas.
-Anda, pues eso está muy bien-Dijo el taxista mientras entrabamos.-Ahora sí, ¿A dónde les llevo?
Andrea y yo nos quedamos mirándonos, no teníamos ni idea a donde podíamos ir.
-Buscamos un hostal o algo por el estilo, barato, para poder estar unos días hasta que encontremos una casa.-Concretó Andrea.
-Mmm… Vale, ya sé a dónde os llevaré, es barato, no es nada del otro mundo pero os servirá.
Mientras tanto, en el coche, nos dedicábamos a observar aquella nueva ciudad, no se parecía para nada a todo lo que habíamos visto en España, era más moderna .Los edificios eran enormes y preciosos y las calles algo estrechas, también habían casas pegadas unas a otras con un pequeño jardín, eso sí, no eran todas iguales, cada una tenía un color y estructura, algunas pequeñas, otras grandes…
-Bien, ya hemos llegado-
-Gracias-Respondimos Andrea y yo.
El taxista salió con nosotras a ayudarnos a descargar y entonces se me ocurrió que Andrea y yo solo habíamos oído hablar de la “University of Liverpool”, pero no sabíamos nada más.
-Una cosa más, ¿Usted sabe donde se encuentra la “University of Liverpool” ?- Preguntó Andrea.
-Ah! Sí claro. A ver, a ver… lo mejor sería que cogieseis el autobús que justo para en la acera de en frente o el que está en Stanley Street, la parte que se cruza con Mathew Street.
-Gracias otra vez-Dijo Andrea sonriendo.
-¿Sabéis una cosa? No os voy a cobrar el taxi…
-¿El qué?- Pregunté mirando a Andrea, pensando que ocurría algo malo.
-Dice que no nos quiere cobrare taxi…-Me contestó sin apartarla mirada de él.
Se me dibujó una sonrisa de oreja a oreja, me dirigí a el taxista, que después descubría que se llamaba Frank, le agarré fuertemente la mano y le agradecí mil y una vez que no nos lo cobrara, por su cara, deduje que no tenía ni pajolera idea de lo que le estaba diciendo, pero en ese momento, me daba exactamente igual lo que pensara la gente de mí, estaba entusiasmada y feliz.
Volvimos a cargar con todas las maletas y nos dirigimos al hostal, como había dicho el taxista no era gran cosa, parecía tener ya unos añitos y estaba algo descuidado .
Al entrar en la recepción, había un mostrador donde una mujer atendía unas llamadas, y un pequeño y desgastado sofá.
-Hola, ¿En qué puedo ayudaros?- Nos atendió con una mirada simpática.
-Queríamos una habitación para dos.-Dijo Andrea.
-¿Cuántos días estaréis?- Nos preguntó mientras anotaba algo en una hoja de papel.
-No lo sabemos…-Volvió a responder.
-Vale, pues son 20 libras al día, vuestra habitación es la 15.-Dijo mientras nos daba las llaves.
Subimos, como pudimos, por las escaleras hasta llegar a la habitación, por un estrecho pasillo. Andrea tenía las llaves y con algunas dificultades consiguió abrir, pues iba cargada de trastos y para colmo la cerradura no se cayó de milagro.
Era una habitación pequeña, con dos camas, dos mesitas de noche y un baño que apenas tenía una ducha, un lavabo y un váter. También había un armario en el que guardamos, a presión, algo de ropa. Entre tanto se hicieron las ocho de la mañana y era domingo, como no era plan de ir a la universidad, y estaría, lo más seguro, cerrada pensamos en buscar alguna casa. Antes llamamos a nuestros padres.
Bajamos a la recepción a por un periódico de los que había y comenzamos a mirar algunas de las pocas ofertas que aparecían, además aproveché para familiarizarme con el idioma.
-Mmm, mira este, dice que el alquiler cuesta unas 800 al mes, aunque es algo caro.-Dijo Andrea desilusionándose.
-Y tan caro, con esa casa no duramos ni dos meses.
Después de estar un rato mirando el periódico, sin éxito, las casas que se ofrecían eran demasiado caras para el dinero que disponíamos, fuimos a dar un pequeño paseo cámara en mano.
Fuimos andando y andando por diferentes calles, observando una vez más, todo lo distinto que era aquello, bueno, todo, todo no, las mujeres seguían llevando el pelo perfecto y cardado y los chicos un tupé. Pasamos por delante de un club llamado The Cavern, al parecer famoso, pero no le dimos ninguna importancia y continuamos con el paseo.
-¿Te has dado cuenta de lo diferente que es todo?-Pregunté a Andrea.
-Sí, la verdad es que sí. No me lo imaginaba así.-Contestó mientras hacía una foto.
-Vaya, fíjate, es hora de comer.
-Cierto… Como es el primer día ¿Por qué no vamos a comer por ahí?
-¡Vale! Un día es un día.
Exacto, nos fuimos a comer a algún restaurante de poca monta, pero, nos encontrábamos ante otra misión imposible: encontrar uno. Estuvimos dando vueltas por la ciudad hasta que lo encontramos, entramos y nos sentamos. No era ideal pero se podía estar. Al entregarnos la carta Andrea y yo nos quedamos un poco paradas, no sabíamos que era cada cosa así que nos aventuramos a pedir lo que mejor sonaba. A Andrea le sirvieron una ensalada César con pollo, que posteriormente se dejó y a mí una sopa. Para postre pedimos algo sencillo, que no podía fallar, helado, y nos quedamos un rato charlando. Luego pagamos y nos fuimos a hacer fotos. Estuvimos toda la tarde paseando por allí y al volver, pasamos otra vez por aquel club “The Caver”, que se iba llenando de gente.
Una vez en el hostal decidimos cenar allí mismo, estábamos cansadas y no nos apetecía pasearnos más, mañana ya lo volveríamos a hacer
No hay comentarios:
Publicar un comentario