Nos despertamos temprano, queríamos encontrar una casa cuanto antes e ir a la universidad y a ser posible tener un tiempo de descanso.
Lo primero que hicimos fue bajar a desayunar, desayunamos en menos que canta un gallo y fuimos a coger el autobús. Tardamos media hora en llegar (sin contar los simpáticos semáforos que siempre pillábamos en rojo). No nos hizo falta preguntar, estaba indicado además de que el edificio no pasaba desapercibido. Era grande pero no muy alto, entramos y preguntamos sobre las plazas. Nos hicieron esperar hasta que el supuesto profesor saliese para hablar con nosotras, llevábamos las cámaras con nosotras y la espera se hizo eterna y pesada, hasta que, apareció un hombre.
-Hola, venga pasad.- Nos dijo mientras nos indicaba con la mano que entrásemos a su despacho.
Pasamos era pequeño, con dos estanterías y una mesa llena de papeles y con dos cámaras.
-Perdonad el desastre…
Nos sentamos y comenzó a informarnos.
-Bien… Empecemos. Vosotras queréis estudiar fotografía aquí ¿Es eso no?
Andrea, me miró y discretamente asintió con la cabeza para que yo contestase:
-Sí-Dije haciéndole caso.
-Pues habéis tenido suerte, tenemos plazas, así que no tenéis que preocuparos por nada, luego os daré los horarios para que vayáis planificándoos, también algún que otro libro y por supuesto debéis tener una cámara. Enseñádmelas.
Sacamos las cámaras, primero vio la de Andrea.
-Mmm, sí, no está nada mal para empezar, te servirá- Y cuando se dirigió a ver la mía…- Los siento pero… la tuya es demasiado antigua, con esta ya no se pueden aplicar algunas técnicas por lo que tendrás que comprarte otra.
¿Qué? La cámara a la que tanto cariño le tenía no me servía, genial, empezábamos bien. Además tendría que comprarme una nueva y Andrea y yo no estábamos para gastar mucho dinero. Me ofreció un catálogo y me aconsejó que le echara un vistazo.
-Aún faltan dos semanas más o menos para que empiece el curso, si no recuerdo mal, de todas formas está en los horarios, así que tendréis tiempo de leer los libros y, en tu caso de conseguir una cámara nueva.
-Vale-Contestó Andrea.
Nos despedimos y yo salí ojeando aquel catalogo que, solo con haber visto dos páginas cerré de inmediato, los precios eran inalcanzables así que me olvidé de ello.
-Bueno no te preocupes, seguro que se nos ocurre algo.-Añadió Andrea.
Esperando el autobús, nos dimos cuenta que en la pared, había un papel que anunciaba “Vendo casa en Stanley Street. Un baño, una cocina, un pequeño salón y dos habitaciones, además de un pequeño jardín. Precio: 680 libras” Me dio la impresión de que era la casa perfecta, como dijo el taxista allí había otra parada que se dirigía a la universidad, no lo pensamos dos veces y cogimos el papel, en cuanto llegamos al hostal llamamos por teléfono al propietario y le comunicamos que nos interesaba, nos dijo que perfecto, que cuando quisiésemos que fuésemos a verla.
Después de comer, subimos a la habitación, donde nos dedicamos un rato a descansar y a revisar los libros. Luego nos dirigimos a la casa.
Llegamos a un acuerdo y nos dijo que mañana mismo podríamos instalarnos y nos dio las llaves. Una cosa menos, ahora solo quedaba instalarnos y poco más.
Esa tarde decidimos ir a “The Cavern” porque habíamos oído hablar mucho y muy bien de ese lugar. Nos arreglamos lo mejor que pudimos e incluso nos pusimos un poco de maquillaje para no desentonar demasiado, acto seguido emprendimos el camino hacía el club. Llegamos, para acceder a aquel lugar había que bajar algunas escaleras, había algunas mesas y un pequeño escenario, donde a veces algunos grupillos tocaban. Nos sentamos y pedimos algo de beber, esta vez solo había una pareja muy entretenida echándose miraditas y cuatro chicos jovencillos. Uno tenía los ojos pequeños, marrones y no paraba de reírse; otro de ellos tenía también los ojos marrones y parecía el más joven, estaba más concentrado en la guitarra que en su compañero; otro tenía el tupé más grande que el resto y como estaba sentado y no se le veía mucho dedujimos que sus ojos era oscuros; el último tenía los ojos grandes y verdes y era el que más llamaba la atención a primera vista. Los cuatro iban vestidos con cuero y Andrea y yo nos quedamos embobadas mirando al de los ojos verdes hasta que este, se percató de que estábamos mirándole y nos devolvió la mirada sonriendo, acto seguido la apartamos repentinamente y se nos salieron un poco los colores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario