Amaneció un día claro, sin nubes en el cielo y con un Sol que brillaba muchísimo. Se escuchaba a los pájaros cantar, eran las siete de la mañana. Me desperté, por fin había llegado el verano y por fin podría dedicarme a las cosas que más me gustaban. Me encontraba en mi cuarto, no muy grande, situado en el ático. Tenía una ventana en el techo desde donde se podían observar las estrellas, un escritorio algo viejo, con su silla, y en el la cámara de mi abuelo, bastante antigua, con la que muchas veces me entretenía fotografiando todo aquello que veía. Una estantería llena de libros y en una esquina mi querida guitarra junto a una pequeña cajita, donde estaba mi armónica.
Decidí levantarme de la cama para vestirme y arreglarme, en casa vivíamos mis padres, mi abuela y yo. Ellos aún dormían.
Fui al baño a peinar mi melena castaña y alborotada. Familiares y amigos siempre estaban con el cuento de que me cortase el pelo, ya que esa melena desentonaba con la del resto de chicas, pero a mi me gustaba tal y como estaba.
Bajé a la cocina, calenté un poco de leche y desayuné. Como al fin no tenía nada que hacer, podría ver a Andrea y pasar el día hablando, tocando y haciendo fotos con ella.
Andrea vivía dos manzanas más arriba, así que cogí la guitarra y la cámara de fotos, mis padres imaginarían que había ido a verla, así que, no les desperté.
Por el camino habían varios árboles, banquitos y varias casas. Llegué a casa de Andrea, allí eran madrugadores y ya estaban despiertos. Toqué a la puerta, abrió su madre y me dijo que estaba en su cuarto. Aquella casa se parecía a la mía, comedor y cocina abajo, dos o tres habitaciones no muy grandes en la segunda planta y en la última un ático. Andrea estaba peinándose el pelo, que, también desentonaba algo, el suyo era algo más liso, las dos teníamos flequillo, mis ojos eran marrones y los suyos verdes.
- ¡Hola! Enseguida acabo.- Dijo mirándose en su enorme espejo y dirijiéndome la mirada desde el mismo.
- Vale, perfecto. He pensado que podríamos ir a dar una vuelta.-Lo hacíamos casi a diario, así que me esperaba su respuesta.
- Mmm, sí. ¡Claro! Me parece bien.-Con una sonrisa en la cara, le dije a la vez que suspiraba, por llevar a encima mi guitarra, la armónica y algunas notas- ¡Genial!.
A los pocos minutos acabó de arreglarse y nos fuimos a dar una vuelta. Nos sentamos en un banco y tocamos algunos acordes, cantamos e hicimos fotos a las flores.
- Emm... ¿Ya le has dicho algo a tu madre sobre lo de fotografía?- Pregunté.
- No... No creo que se lo tome demasiado bien... - Dijo con una voz cansada-¿Tu has dicho algo en casa?- Dijo algo esperanzada.
- No, tampoco he dicho nada, ya sabes como son.
Las dos estábamos algo incomprendidas, debido a que no teníamos las mismas aficiones y proyecciones de futuro, que el resto de chicas.
- Sí... Creo que lo mejor es que se lo digamos esta tarde -Dijo Andrea, como si de momento toda la seguridad se volcase en ella.
- Vale, ¡de hoy no pasa!.
Y las dos, tomamos aire, cerramos los ojos y nos dijimos, para nosotras mismas, que podíamos y debíamos hacerlo.
Eh, Tú, Andrea! Tienes blog!! (Soy tu tangafriend), por cierto, mouuula!!
ResponderEliminarMuchas Gracias, sí es un blog,entre Sara y yo Pero lo manejo yo, Pronto publicaremos el segundo capítulo :)
ResponderEliminar